martes, 1 de mayo de 2012

¿A qué se debe la polarización social?

Tomado de: http://www.librered.net/?p=16364

Un tema que está acaparando gran atención en los centros políticos y mediáticos de Estados Unidos es el notable crecimiento de las desigualdades de renta y riqueza que ha ocurrido desde los años ochenta, y que se ha acentuado todavía más durante estos años de crisis.

Es importante resaltar que el debate no es sobre si se han incrementado las desigualdades, sino sobre las causas de este crecimiento. Nadie cuestiona que haya existido este aumento. El debate se centra, pues, en las causas y consecuencias del crecimiento de estas desigualdades.

Las posturas conservadoras y liberales, bien reflejadas en los escritos de intelectuales como James Q. Wilson, colaborador del “Washington Post”, Charles Murray, Director del “American Enterprise Institute”, y el columnista David Brooks, del “New York Times”, cuestionan que tal crecimiento de las desigualdades se deba a las políticas públicas iniciadas por el presidente Reagan (aunque algunos autores consideran que tales políticas se iniciaron en los últimos años del mandato del presidente Carter) y continuadas por los presidentes Bush, padre e hijo, y también, por cierto, por el presidente Clinton. Estas políticas incluían una reducción de la carga fiscal de las rentas superiores (aunque el presidente Clinton las aumentó al inicio de su mandato), una desregulación de los mercados financieros (particularmente acentuada durante el gobierno Clinton, con la eliminación de la Ley Glass-Steagall) y una reducción del gasto público, incluyendo el gasto público social, entre otras medidas que se han acentuado en estos años de crisis.

James Q. Wilson ha cuestionado esta tesis en varios artículos, acentuando que el crecimiento de las desigualdades se debe primordialmente al hecho de que hay un sector, el de la población con elevada educación, que está recibiendo mayores ingresos, resultado de la mayor rentabilidad que la educación tiene ahora en comparación con décadas anteriores. Este factor, junto con la entrada de la mujer al mercado de trabajo, explica –según Wilson- este incremento de las desigualdades. Si a ello se le suma que las mujeres que tienen más educación se casan con hombres también con elevada educación, el resultado es que la concentración de las rentas se está acentuando y, con ello, las desigualdades se están disparando. Los datos que James Q. Wilson aporta (mostrando que las personas con educación universitaria han visto crecer sus ingresos más rápidamente -un 20%- en los últimos treinta años que las personas con sólo educación primaria) parecen confirmar sus tesis. En realidad, los ingresos de estos últimos han disminuido un 31% durante el mismo periodo.

Estos datos parecerían explicar por qué las desigualdades han ido creciendo. Pero el error de Wilson es concluir que la principal causa del crecimiento de las desigualdades en EEUU se deba precisamente a estos factores. El diferencial de educación puede explicar el crecimiento de las desigualdades entre personas que tienen educación universitaria y las que apenas tienen educación (digamos entre el 30% de la población que tiene mayores salarios, y el 10% de la población de renta inferior). Pero, como señala el economista Lawrence Mitchell, del “Economic Policy Institute”, de Washington, las mayores desigualdades no ocurren entre el 30% de la población con mayores recursos y el 10% con menores recursos, sino que existe entre el 1% de la población que es más rica, y todos los demás.

El eslogan de los indignados de EEUU (“el 1% controla el país”) tiene unas bases empíricas reales. El 1% que tiene los salarios más altos (los dirigentes de las grandes entidades financieras y empresariales) ha visto crecer su salario un 131% desde 1979 a 2010 (y el 0,10% un 278%), mientras que los salarios para el restante 99% de la población asalariada ha crecido sólo un 15% durante el mismo periodo. Estos ratios no se explican como consecuencia de los distintos niveles de educación. En realidad, las elites financieras y empresariales que constituyen este 1% (en realidad, el porcentaje es incluso menor, el 0,1%) no tienen los salarios e ingresos que tienen debido a una mayor educación universitaria, sino gracias al sistema de control y poder que la sociedad facilita para que los logren. Y el hecho de que hayan visto incrementar sus ingresos durante estos últimos años no se debe a que hayan incrementado su educación o a que la rentabilidad de ésta haya aumentado, sino a que las relaciones de poder dentro de la sociedad han evolucionado facilitando esta concentración de poder dentro de la sociedad y dentro de cada empresa. Y las políticas liberales han sido determinantes en facilitar esta concentración de las rentas.

¿Quién se beneficia del crecimiento de la economía y de la productividad?

Un tanto semejante ocurre con la distribución de las riquezas. Desde 1980 (cuando la época neoliberal se inició) hasta 2009, la práctica totalidad del aumento de la riqueza fue a parar al 20% de la población que tenía mayor riqueza. El 40% de este crecimiento fue al 1% más rico, y otro 41,5% al próximo 4% más rico después del 1% anterior. En otras palabras, el 5% recibió casi el 82% de todo el crecimiento de la riqueza. Mientras, el 60% recibió menos en 2009 que en 1983, es decir, que la clase trabajadora y amplios sectores de las clases medias se beneficiaron muy poco del crecimiento económico al cual contribuyeron (durante este periodo, el output de bienes y servicios por hora trabajada aumentó un 119%).

Frente a este crecimiento de las rentas, tan acentuado en la cúspide, las propuestas conservadoras y liberales basadas en que la solución pasa por una mayor educación en los sectores más pobres de la sociedad (o, ironiza Lawrence Mitchell, que se casen con gente más rica) es dramáticamente insuficiente.
La abrumadora evidencia de la enorme concentración de las rentas y de las riquezas tiene también sus defensores, siendo el más conocido Charles Murray que, en su libro “Coming Apart: The State of White America 1960-2010”, definido por el columnista conservador del “The New York Times”, David Brooks, como el libro más importante del año, defiende las aportaciones que tal élite aporta al país, aún cuando cree que el mayor problema que existe es su extraordinario aislamiento. Esta élite vive en un Estados Unidos muy separado del resto, y esto limita su conocimiento de cómo vive el 99% restante y, muy en particular –según él-, del 30% de la población que goza de menor renta. Este sector, según Murray, está en profunda crisis, precisamente por carecer de los valores que posibilitaron a las élites alcanzar la cúspide donde se encuentran. Murray reafirma así la tesis expuesta en su libro The Bell Curve escrito en 1994 junto con Richard J. Herrnstein, que atribuía la pobreza a los valores poco empresariales, enfatizando los aspectos culturales como los determinantes de su pobreza. Esta explicación responsabiliza a los pobres por su propia pobreza.

La situación en España

Este debate que está ocurriendo en EEUU es relevante para España, donde tal discusión no ha centrado todavía el debate político. Un problema grave en nuestro país es la falta de información creíble sobre la distribución de las rentas y de las riquezas. Las cifras oficiales, de las cuales saca la OCDE el último informe sobre las desigualdades, son de escasa ayuda y credibilidad. Por ejemplo, indica que el nivel promedio de ingresos de la gente más rica de España (el 10% de renta superior) es de 38.000 euros al año, concluyendo que los ricos en España ingresan once veces más renta que los que tienen menos renta (el 10% de renta inferior). Pero cualquier observación de cómo y dónde viven y veranean los ricos puede fácilmente deducir que su nivel de vida no se mantendría con 38.000 euros al año.

Es obvio que tales cifras no son creíbles. Pero el problema es incluso mayor, pues, como en EEUU, la mayor desigualdad no se da entre el nivel promedio de renta y los pobres, sino entre los súper ricos (el 1%) y todos los demás. El Estado no parece conocer cuánto ingresan estos súper ricos. Las mayores fuentes de riqueza en España proceden del capital financiero, que ha crecido desmesuradamente en España (y en EEUU también), debido, en gran parte, a la especulación que ha sido estimulada y favorecida, por cierto, por el Estado español y sus supuestos órganos reguladores. Pero el tema de las desigualdades no ha llegado todavía al debate político y mediático. Siempre estamos algo retrasados. Ya llegará, y pronto.

El Caballo de Troya de la Sala de lo Constitucional.

En diferentes reuniones de análisis, debate y reflexión sobre la realidad nacional, una de las conclusiones a las que se ha llegado de diferentes formas, es que si en este país donde aún la democracia republicana representativa liberal burguesa no funciona, es un acto revolucionario hacerla funcionar.

De tal modo que la independencia mostrada por esta Sala de lo Constitucional ha sido un acto revolucionario dentro del sistema. Oponerse a ella, a esta independencia, es convertirse en un ente reaccionario y ultraconservador, que es, desgraciadamente, la postura que ha adoptado el fmln sin llegar a explicar exactamente el por qué de la misma a la población. En cambio, la derecha se muestra progresista al defenderla con la ayuda de los medios de comunicación.

El partido cuestiona la postura de instituciones como FESPAD -luchar por mantener esta independencia oponiéndose a los cambios que amenazan sobre ella- bajo el argumento de que se está defendiendo al propio sistema burgués que se pretende derrotar, aún y cuando se ha llegado al consenso del carácter revolucionario de hacer que la institucionalidad funcione.

La contradicción está en que cuando la independencia de poderes se muestra (y se promueven políticas que por otro lado solo tratan de consolidar esta falsa democracia procedimental) resulta que es una amenaza; sin reparar en que sin importar como funcionen las instituciones, será siempre dentro del mismo sistema burgués, por lo tanto, el problema no está en la Sala de lo Constitucional.

La idea de la conspiración a la que se remite el frente, detrás del argumento de la injerencia de poderes, está mal enfocada, la Sala de lo Constitucional es un caballo de Troya, ninguna de las resoluciones que tomó en el pasado afectaron los resultados electorales del fmln, ninguna de las resoluciones le hicieron más daño que las mismas acciones del partido que sí incidieron para que aún una parte de su propia base se abstuviera de votar por ellos.

El verdadero ataque es a través de los medios, que en consonancia con las asociaciones de derecha, presentan a un partido ortodoxo que manipula la institucionalidad a su conveniencia, cuando sabemos que no importa cuán independiente se muestre esta Sala ninguna de sus resoluciones afectarán en nada la verdadera naturaleza del sistema, por tanto mantener una confrontación con ella es solo darle las armas a la derecha para derrotar al frente.

Hay claridad sobre que la lucha es por el poder ¿pero donde se desarrolla esa lucha? ¿En las instituciones de esta falsa democracia representativa? o ¿en los medios de comunicación? El verdadero poder no está en las instituciones del Estado, el frente no puede pensar que construirá poder manejando únicamente (y con limitaciones) la institucionalidad. El sistema no está hecho ni para que la democracia funcione, ni para que la verdadera oposición tenga la opción de llegar al poder.

El poder está, o en el sector económico o en las masas populares organizadas. El partido debe regresar a esa organización y apoyarse en los sectores económicos progresistas. El campo de batalla es ahora en los medios de comunicación, esa es la gran fortaleza de la oligarquía y el imperialismo. Es necesario prestar atención a la estrategia de la derecha para atacar a través de los medios, pues es por ese filtro ideológico que se construye la opinión pública en una población altamente enajenada.

Si sabemos que la gran debilidad del frente es su incapacidad comunicativa y su falta de sensatez para encarar diversas coyunturas políticas, para el imperio ese debe ser el puntal de su estrategia para debilitar al partido, al cual le hace falta una verdadera estrategia de comunicación político-ideológica.

La lucha siempre ha sido ideológica, lo militar o lo político representan solo el grado de intensidad de esa confrontación. El poder ideológico de la derecha se construye a través de los medios con un falso discurso prefabricado sobre democracia y libertad, que no encuentra alternativa u oposición ninguna en el discurso del frente, al contrario hay figuras que han de resultar muy favorables a los intereses oligarcas.

miércoles, 13 de julio de 2011

IDEOLOGIA


Marta Harnecker – IDEOLOGÍA
Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico
La teoría marxista sostiene que en toda sociedad existe una base económica y una superestructura jurídico-política e ideológica. Estos aspectos están articulados entre sí de una manera compleja, siendo el económico el que es determinante en última instancia.

Si se emplea la metáfora arquitectónica de Marx y Engels del edificio con un cimiento o base y una superestructura que se construye sobre este cimiento, se puede decir que la ideología pertenece a la superestructura. Pero la ideología no se limita a ser solamente una instancia de la superestructura, ella se desliza también por las otras partes del edificio social, es como el cemento que asegura la cohesión del edificio.

La ideología impregna todas las actividades del hombre, comprendiendo entre ellas la práctica económica y la práctica política. Está presente en sus actitudes frente a las obligaciones de la producción, en la idea que se hacen los trabajadores del mecanismo de la producción. Está presente en las actitudes y en los juicios políticos, en el cinismo, la honestidad, la resignación y la rebelión. Gobierna los comportamientos familiares de los individuos y sus relaciones con los otros hombres y con la naturaleza. Está presente en sus juicios acerca del "sentido de la vida", etcétera. Está hasta tal punto presente en todos los actos y gestos de los individuos que llega a ser indiscernible de su "experiencia vivida" y, por ello, todo análisis inmediato de lo "vivido" está profundamente marcado por la acción de la ideología. Es ella la que transforma su conciencia, sus actitudes y conductas para adecuarlas a sus tareas y a sus condiciones de existencia. Por ejemplo: la ideología religiosa que habla del sentido del sufrimiento y de la muerte procura a los explotados representaciones que le permitan soportar mejor sus condiciones de existencia.

La ideología tiene como función asegurar una determinada relación de los hombres entre ellos y con sus condiciones de existencia, adaptar a los individuos a sus tareas fijadas por la sociedad. En una sociedad de clases esta función está dominada por la forma que toma la división de los hombres y mujeres en clases. La ideología está destinada, en este caso, a asegurar la cohesión de ambos en la estructura general de la explotación de clase, facilitando la dominación de una clase sobre las otras, haciendo aceptable a los explotados sus propias condiciones de explotación como algo fundado en "la voluntad de Dios", en "la naturaleza", o en "el deber moral", etcétera.

Al mismo tiempo a sirve los individuos de la clase dominante para reconocerse como sujetos de una misma clase, la de los explotadores y aceptar como "querida por Dios", como "fijada por la naturaleza" o por "el deber moral" la dominación que ejercen sobre los explotados. La ideología tiene, por lo tanto, un doble uso; se ejerce sobre la conciencia de los explotados para hacerles aceptar como natural su condición de explotados y se ejerce sobre los miembros de la clase dominante para permitirles ejercer como natural su explotación y su dominación.

Las ideologías, como todas las realidades sociales, sólo son inteligibles a través de su estructura. La ideología comporta representaciones, imágenes, señales, etc., pero estos elementos considerados aisladamente no hacen la ideología; es su sistema, su modo de combinarse lo que les da sentido; es su estructura lo que determina su significado y función, dentro de un complejo enramado social, convirtiéndose de una realidad material a una vivencia subjetiva en la experiencia cotidiana del individuo.

El estudio objetivo de la ideología nos hace ver que, a pesar de ser una realidad que se encuentra difusa en todo el cuerpo social, puede ser dividida, sin embargo, en regiones particulares, centradas sobre diferentes temas. Así, podemos distinguir regiones relativamente autónomas en el seno del aspecto ideológico, por ejemplo, ideología moral, religiosa, jurídica, política, estética, filosófica, etcétera.

Existen además diferentes tendencias ideológicas. Al afirmar Marx que "las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante" nos mostraba el camino para estudiar las diversas tendencias ideológicas. Así como hay clases dominantes y clases dominadas, existen tendencias ideológicas dominantes y tendencias ideológicas dominadas.

Por lo tanto, en el interior del aspecto ideológico, en general, podemos observar la existencia de diferentes tendencias ideológicas que expresan las "representaciones" de las diferentes clases sociales: ideología burguesa, pequeñoburguesa, proletaria.

La clase dominante sabe siempre utilizar el lenguaje que le permite lograr la mayor comunicación con las clases dominadas. Da un contenido de clase a la materia ideológica que le ofrece la tradición, los hábitos y costumbres de esa sociedad determinada.

Para que el proletariado descubra sus verdaderos intereses de clase, es decir, para que llegue a adquirir una conciencia de clase proletaria, es necesario hacer intervenir factores extra económicos; es necesario poner en manos del proletariado la teoría marxista, único instrumento capaz de liberar la tendencia ideológica proletaria de las deformaciones reformistas y economicistas, productos de la ideología burguesa dominante.