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martes, 29 de junio de 2010

El Gobierno Mauricio Funes – FMLN / Construcción de Ciudadanía Crítica y Activa

Frente a la tragedia nacional que estamos viviendo, el incremento en el salvajismo y la crueldad de la criminalidad, cuyas últimas víctimas murieron en un hecho tan brutal y atroz que ha causado un grito de indignación, repudio y cansancio en todo el país, deseamos sumar como movimiento social, nuestras voces a aquellas que exigen un verdadero cambio en las políticas gubernamentales para enfrentar todos estos graves problemas.


En este sentido, advertimos con profunda preocupación que la visión del Gobierno, frente al problema de la inseguridad pública no va más allá de la derecha, en el sentido de considerar a las maras o pandillas como los principales responsables de tanta violencia y criminalidad, sin valorar, aludir o apuntar al crimen organizado y la narco-actividad, acciones criminales que se mueven en la corrupción de un sector de las altas esferas del poder político y económico y que se sirven de las maras para sus crímenes. Por el contrario la visión sigue siendo criminalizar a la juventud y a la pobreza.


Además, si el Presidente Funes y su gabinete de seguridad han catalogado este aberrante hecho de “terrorista” debemos entender entonces, que puesto que un acto terrorista es un acto político, ellos presumen de la existencia en la sociedad de grupos opositores al gobierno dedicados a la desestabilización del país, con el ánimo de hacer fracasar su gestión y la del FMLN, tratando de crear en la opinión de la sociedad la idea de que este gobierno es incapaz de dar solución a estos graves problemas, pero ante esta presunción tampoco vemos una línea encaminada ni a confirmar ni a enfrentar este hecho y por el contrario, puesto que sus fuerzas se están abocando al combate de las maras o pandillas, nos parece que hay una terrible miopía en la percepción, interpretación y tratamiento del problema.


Retomar y recurrir fundamentalmente a los planes mano dura, aún cuando sea con distinto nombre, para enfrentar la violencia criminal esta comprobado que no es efectivo. Las funciones que ahora está tomando el ejército al interior de los centros penales puede incrementar la violencia delincuencial e impulsar proyectos de ley que criminalicen la pertenencia a las maras o pandillas puede incrementar la violencia social. Debe cambiarse la visión fetichista de soluciones militares, represivas y estigmatizadoras impulsadas por los capitalistas y su Plan Mérida. Es necesaria la reevaluación de las funciones del Estado para lograr una solución integral que sea en beneficio de toda la población y se recupere la seguridad social.


Las prioridades inmediatas en el país son la seguridad, la economía y la prevención de los desastres causados por nuestra vulnerabilidad socio-ambiental ante las fuerzas climáticas y geológicas de la naturaleza; puesto que estas generan grandes pérdidas humanas y económicas que obstruyen o atrasan el desarrollo; pero mientras no quitemos del centro de la sociedad al comercio y al mercado y pongamos al ser humano, hombres y mujeres, no podremos encontrar soluciones a largo plazo, pues estos problemas son estructurales, y su raíz está, como bien lo decía Monseñor Romero, en la absolutización de la riqueza y la propiedad privada. Si queremos cambiar verdaderamente nuestra sociedad, decía él, “debemos cambiar de raíz el sistema”. Por tanto abandonar el sistema económico actual es imperativo. El Presidente Funes lo ha declarado públicamente “fallido a nivel mundial” pero sigue el mismo modelo neoliberal, pero ahora según él, aplicándolo como en la India y China, pero el Capitalismo es un sistema generador de pobreza, de exclusión, de contra valores, destrucción y deshumanización.


Por desgracia el primer año del Gobierno de Mauricio Funes – FMLN ha dejado claro para la población en general, que los cambios no se darán como se esperaban. Serán como lo dijo el Presidente: “seguros, con estabilidad, sin ruptura del sistema económico y jurídico del país, en consecuencia, no habrán cambios profundos de raíz.


Es por todo esto que hacemos un fuerte llamado a toda la población, haya votado o no por el cambio, para que en estos momentos de profunda indignación, cansancio y repudio a la violencia, en primer lugar no se deje llevar por la ira y los deseos de venganza, la violencia solo generará más violencia. En segundo lugar, para que se mantenga en una actitud crítica y activa frente al gobierno, los partidos opositores y las políticas de represión y persecución contra la juventud y la pobreza y el protagonismo que esta teniendo el ejército en la vida nacional, pues son muy peligrosas para la estabilidad democrática del país.

sábado, 27 de marzo de 2010

LA VIOLENCIA - CAUSAS HISTORICAS -

La dura cara de la violencia, que día a día cuenta por docenas a sus víctimas, es una amenaza constante a los logros, pocos o muchos, que el país ha alcanzado en materia de Democracia.

Este nivel de agresión cotidiana no es posible delimitarlo al accionar de las maras o gruposaislados de criminales. Este flagelo es producto de unas condiciones sociales, políticas y culturales que han evolucionado a lo largo de nuestra historia y que se manifiestan ahora como parte de una cultura de violencia, que ha alcanzado su mayor grado de expresión en este momento histórico a través del fenómeno de la GUERRA SOCIAL.

No estamos enfrentando una ola de delincuencia común, que podría por ejemplo, ser producto de la crisis económica mundial, ante la cual una cierta fracción de la población para enfrentarla, decida por necesidad, delinquir hasta el extremo de la criminalidad para sobrevivir. Estamos viviendo un periodo de GUERRA SOCIAL, que es consecuencia directa de una posguerra que no fue asumida de manera adecuada por la sociedad, con mayor responsabilidad de los sectores de la ultra derecha oligárquica, que se resiste a aceptar sus culpas y responsabilidades durante la guerra así como a ver la totalidad de las causas que dieron pie a la misma, evitando que podamos ver los hechos de la historia de manera transparente para esclarecer nuestro pasado, comprender la realidad de nuestro presente y prepararnos para el futuro.

No es posible que las causas de la guerra civil se quieran reducir a una “agresión comunista” frente a la cual los gobiernos de turno “defendieron” al país. A ella están intrínsicamente ligadas: la pobreza [extrema] de grandes masas de la población, la exclusión social y económica, la persecución y represión política, la explotación y represión económica, la concentración de la riqueza, los privilegios de clase vs. Derechos Humanos; condiciones que están presentes en nuestra historia desde la colonización de nuestra tierra hasta la fecha.

Este esquema resume a groso modo los grandes problemas históricos de El Salvador, en sus líneas económicas, políticas y socio-culturales. Vemos que hasta la actualidad se mantienen, y por tanto, prevalece la impunidad en tanto carencia de justicia para el pueblo, aún y cuando se han logrado avances en materia de Democracia formal; esta injusticia sumada a una cultura de violencia, forjada a lo largo de la historia, ha dado pie a la guerra social, que se alimenta al mismo tiempo de las otras dos, poniendo en riesgo los avances de la Democracia, pues cada vez el pueblo exige medidas más autoritarias y represivas para solucionar los problemas.

Ahora bien, las características de una guerra social son:

  • No tiene proyecto político determinado. La guerra civil tenía un fin, cambiar el sistema político-económico del país y las condiciones de miseria y explotación que sufría el pueblo, existía una línea filosófica, ideológica, política y militar que perseguía este fin último, sin embargo en la guerra social no hay ideologías, ni filosofías pues no hay un objetivo.
  • La guerra social carece de mandos políticos y militares, no hay con quien dialogar, hay una estructura semi-organizada pero esta no se muestra.
  • En la guerra social no hay frentes conocidos, no hay enemigos identificados, ¿cuáles o quiénes son los bandos en contienda? Hoy todos estamos en guerra porque todos somos parte de la crisis que la genera.
  • La guerra social a diferencia de la civil, no admite en una primera instancia ni solución militar, ni política, en cuanto, no hay estructuras identificables, ni hay enemigos claros, ni hay un fin último para esta guerra, en consecuencia no hay posibilidades de negociación.
  • Y lo más importante, una guerra social no es un problema de delincuentes y policías, surge de una crítica a la sociedad. Esta guerra es producto de toda una serie de problemas sociales, económicos, culturales y políticos que no se han atendido de la manera adecuada, que se han ido acumulando y que están en estrecha relación con el modelo económico capitalista.
Entonces ¿Es sólo un problema de seguridad pública o es necesaria una perspectiva más amplia? ¿Revalorar el sistema político-económico que dibuja a la sociedad y que no ha respondido a las necesidades de desarrollo del país y por tanto, cuestionar el rol del Estado y discutir sobre la seguridad que debe brindar a la ciudadanía?

Las muertes y la violencia no son causadas sólo por las maras o pandillas, se les puede señalar por las riñas entre bandos, extorsiones, venganzas, sicariato, trafico de drogas y peleas por territorios, pero además hay que señalar al crimen organizado (narcotráfico, contrabando, tráfico de personas, de armas, lavado de dinero). A la violencia social: venganzas personales, por acciones pasionales, riñas estudiantiles, enemistades, por autodefensa. La violencia contra mujeres, niñas, niños, y ancianas/os. La violencia contra las personas de diferente orientación sexual. Los accidentes vehiculares por el uso de drogas, alcohol o simple ira. La reproducción de la violencia familiar por el abuso doméstico. Los propios abusos de las autoridades de seguridad, y todo esto, entremezclado.

En resumen, es todo un contexto histórico el generador de tanta violencia ¿cuándo fue la última vez que El Salvador vivió un periodo de paz, prosperidad y crecimiento cultural donde las mayorías disfrutaran de una vida digna? Este mal no puede reducirse al accionar de un grupo en particular de la sociedad, y no se esta defendiendo o disculpando a estas personas, pero, por ejemplo, el aumento de las penas de cárcel para los y las adolescentes infractores no soluciona el verdadero problema, esta comprobado que cuando una persona infringe la ley no lo hace pensando en las penas que afrontará por ese delito, lo hace pensando que en ese momento va a solventar una necesidad en extremo urgente para si misma. Si ha esto le sumamos que encarcelarlo no ayuda porque no hay posibilidades de rehabilitación, solo estamos agregando más leña al fuego. Se necesitan planes de choque si, para contener, pero también planes que se avoquen a resolver de raíz las causas de este problema.

Para resolver esta grave crisis nacional, es necesario que el Estado se reevalúe. Privilegiar las condiciones que favorezcan al desarrollo económico estaría bien, si ese desarrollo fuese para toda la población y no solo para aquellos que presumen que sus privilegios están por encima de los derechos de todo un pueblo. Al tiempo que construyeran una cultura de paz, tolerancia, convivencia pacífica y armoniosa; una cultura de respeto, protección y renovación de la naturaleza, que es, al mismo tiempo, construir una cultura de amor por la vida.

martes, 9 de febrero de 2010

SOBRE LAS CAUSAS DE LA GUERRA SOCIAL

El país sufre día tras día la inclemencia de la violencia, la criminalidad y la impunidad. Las extorsiones y las muertes no cesan y el clamor de la ciudadanía ahoga los esfuerzos de los cuerpos de seguridad por contener este flagelo cotidiano.

Para enfrentar esta tragedia diaria, es necesario reflexionar sobre sus causas para aplicar planes que se aboquen a resolver de raíz esta problemática…

… A partir de la firma de los Acuerdos de Paz, toda la sociedad ansía construir una nueva historia, donde se hagan realidad las promesas de ARENA del desarrollo y crecimiento económico-social para toda la población. Así, con “borrón y cuenta nueva” se encara la reconstrucción del país.

La ONU invade El Salvador (ONUSAL) para dar seguimiento a la concreción de los acuerdos firmados por el FMLN y el Gobierno. Se elaboró “El Reporte de la Comisión de la Verdad para El Salvador” en el cual se establece que el 90% de los crímenes que se cometieron durante la guerra son responsabilidad de la Fuerza Armada de El Salvador. Se declaró una ley de amnistía; se desmovilizó la guerrilla; el ejército se redujo, tanto en sus funciones constitucionales como en la cantidad de sus miembros y se acuarteló. Se desmontaron los cuerpos de seguridad y se formó la PNC. Comienza el periodo de paz.

¿Pero, en verdad estábamos en paz? La firma fue básicamente sobre tres aspectos:

  • Cese del enfrentamiento armado.
  • Incorporación del FMLN a la vida civil, asumiendo y respetando la validez de la autoridad emanada de la Constitución de la República.
  • Reformas constitucionales que permitieran asegurarle a la población sus derechos civiles y políticos.
El punto que no se tocó a profundidad fue lo concerniente al sistema económico, bajo la premisa de que una vez dentro de la sociedad civil, el FMLN podría promover los cambios necesarios. En el capítulo V Económico y Social, se acordaron reivindicaciones sociales y económicas, de manera muy frágil; pero no se abordó el sistema económico como tal, es más se reconoció, en el texto del acuerdo, la vigencia del modelo neoliberal.

Para cuando ONUSAL abandona el país tenemos: una sociedad polarizada cuyo tejido social está destruido; condiciones de pobreza y riqueza extrema, entre las cuales crece y se profundiza una enorme brecha; dos ejércitos desmovilizados que durante más de 12 años vivieron en una agresión permanente, con un ejército nacional que sufrió un constante proceso de deshumanización teniendo en la Escuela de las Américas a su mentora; circunstancias a las que hay que sumar los desmovilizados de los cuerpos de seguridad señalados como violadores de derechos humanos: la Policía de Hacienda, Policía Nacional, y la Guardia Nacional, dependientes todos del Ministerio de Defensa, y que con la ley de amnistía sus miembros se incorporan a la vida civil como si nada hubiera pasado.

Sobre esta situación social ARENA aplica sin miramientos la política económica impuesta desde el imperialismo estadounidense en su concepción más extensa: el neoliberalismo, con una serie de medidas precisas enmarcadas dentro de lo que se conoció como el “consenso de Washington”. ARENA se enfiló hacia el crecimiento y desarrollo económico, pero no para toda la población, sino para los grandes capitales tanto nacionales como transnacionales, creyendo ciegamente en la famosa idea del “rebalse”, que hasta la fecha no ocurre.

En el aspecto económico, entre otras cosas, se cambió la economía agrícola por una economía de bienes y servicios dolarizada dentro de un “libre mercado” en el que se comercian principalmente productos de importación, que traen los grandes capitales salvadoreños. Al hacer esto se deja sin fuentes de trabajo a la gran mayoría de los desmovilizados de ambos ejércitos, en su mayoría campesinos y campesinas. Otro elemento fundamental dentro del neoliberalismo para privilegiar al mercado, es la reducción del Estado. Éste no solo se redujo, sino que además, comienza un proceso de deterioro institucional para garantizar el libertinaje del mercado, la corrupción y la impunidad. Se manejó el Estado de manera patrimonialista, al servicio de una minoría, que durante 20 años abrió los espacios para el crecimiento de la corrupción y el crimen organizado.

Ni ARENA ni la oligarquía se preocuparon nunca por la reconstrucción del tejido social, ni por superar las causas económicas, que sumadas a las políticas, propiciaron la guerra. No se crearon programas de reinserción social para los desmovilizados de los grupos armados que fueron deshumanizados durante el conflicto y que ven en la violencia la manera de resolver los problemas, y que además, han “educado” a una parte de la generación que esta creciendo luego de la guerra. Propiciaron el desarrollo del crimen organizado al debilitar la institucionalidad del país, al permitir y fomentar la impunidad. Y al no combatir las causas de la pobreza crearon y mantuvieron condiciones de riesgo que presionan a hombres y mujeres al camino equivocado o en el mejor de los casos, a la migración, destruyendo la unidad familiar, ligada también al nacimiento de las denominadas maras o de las pandillas.

Durante 20 años ARENA se ha vanagloriado de ser quien reconstruyó a El Salvador después de la guerra y de alcanzar la estabilidad macroeconómica propicia para desarrollar la microeconomía, pero en realidad han sido las remesas las que han mantenido en pie nuestro país, Son nuestros/as compatriotas quienes huyendo, de la guerra primero y de las políticas económicas de ARENA después, encontraron un mejor futuro en suelo extranjero, ¡a pesar de la xenofobia, los abusos y la violación a los derechos humanos de que son objeto nuestros/as compatriotas! Para todos y todas es claro que sin las remesas nuestro país no camina ¿entonces cuál es el verdadero valor de las políticas impulsadas por todos estos gobiernos de derecha?

En consecuencia, el problema de la violencia y la criminalidad que ahora nos ahoga tiene sus raíces en varios aspectos fundamentales:
  • Fue un gran error de toda la sociedad asumir que después de la guerra comienza un periodo de paz, cuando en realidad se estámos dentro de un periodo de Guerra Social producto de la postguerra olvidad. No haber dado oportunidad a este proceso tiene graves consecuencias actuales. Al no asumir el periodo de postguerra no se crearon los mecanismos necesarios para reintegrar a los ejércitos desmovilizados a la vida civil y productiva de manera adecuada, ni se contempló la manera en que debía reconstruirse, no solo el tejido económico, sino también el tejido social que debe unir a la población del país.
  • La aplicación de un programa económico agresivo contra el ser humano y su medio ambiente en una sociedad deshumanizada solo puede tener como consecuencia el incremento de la agresividad y la violencia dentro de la vida diaria.
  • La migración de salvadoreñas y salvadoreños, como política de gobierno, expulsando compatriotas como forma de aumentar las remesas; esto ha provocado desintegración familiar, abandono de las y los hijos.
  • Los gobiernos de derecha en la ambición de favorecer al mercado y a la gran empresa privada desmontaron el constitucional Estado de bienestar y se negaron a darle cumplimiento, convirtieron los derechos humanos en mercancías, deterioraron la institucionalidad del Estado, y dentro de ella fundamentalmente a la PNC y al sistema judicial, favoreciendo a la corrupción y al crimen organizado, en detrimento de la construcción de una Democracia sólida dentro de un Estado de Derecho.
  • No se crearon políticas para luchar contra la pobreza, el desempleo y la reducción de la brecha entre ricos y pobres, lo que incide directamente en el aumento de las condiciones de riesgo que favorecen el aumento de la delincuencia común, las maras o pandillas y el crimen organizado.
  • El combate del delito basado exclusivamente en la represión, rechazando la prevención y la reinserción socio-económica. Faltó integralidad en las políticas de seguridad ciudadana.
En la ansiedad por dejar atrás la guerra no se preparó al país para enfrentar el futuro. Se caminó sin reparar en la carga histórica sobre sus espaldas, hasta que se ha hecho demasiado pesada y ahora nos esta ahogando. Para corregir esto se deben atacar las causas reales de raíz. Para ARENA bastaba con aplicar programas de mano dura, sin preocuparse por políticas que recuperaran la agricultura, generaran empleo, fortalecieran la institucionalidad del país, mejoraran la educación y crearan identidad cultural. Por el contrario optó por forjar una economía de consumo, especulación financiera, y un mercado de monopolios y oligopolios, que se sostienen gracias a las remesas.

Por tanto, ahora los planes para enfrentar esta guerra social que sufrimos deben estar encaminados a:
  • Reconocer que vivimos un periodo de POSTGUERRA, donde las condiciones económicas y sociales que fueron parte de las causas que provocaron la guerra se mantienen, y donde no ha habido reconstrucción del tejido social.
  • Reconocer que El Salvador desde el 2005 ha sido calificado como Estado fallido (Estado altamente inestable). Reconocimiento que debe traer consigo las medidas urgentes y profundas para salir de esa situación.
  • Las políticas preventivas de seguridad deben caminar de la mano con las políticas económicas concentrándose en la generación de empleo y seguridad familiar.
  • Las políticas represivas de seguridad deben enfocarse en el combate a la cabeza del crimen organizado, de los “capos del narcotráfico” a los que nadie menciona, que están utilizando a las maras o pandillas como punta de lanza, pero también como cortina de humo del verdadero fondo de la criminalidad en el país como el contrabando de mercancías, la corrupción estatal, los secuestros y las extorsiones; así como mantener la persecución de la delincuencia común.
  • Implementar programas de educación contra el machismo, la violencia contra la mujer, niñas y niños que fueron quienes más sufrieron las violaciones a sus derechos durante el conflicto. Así como programas de reconciliación social y construcción de paz social.
  • Luchar contra la corrupción es indispensable para la economía, la ciudadanía entera debe exigir la investigación de los gobiernos de ARENA para desarticular las redes de corrupción estatal y evitar que en este gobierno se formen otras nuevas.
  • A que la empresa privada pierda el miedo a discutir los temas de reivindicación social que defiende la izquierda, se darán cuenta que la búsqueda del crecimiento y desarrollo económico es parte primordial de esa agenda, pero además, que estos profundos temas, no tienen ideología. El miedo es un factor de control y dominación, pregúntense a quién le conviene que mantengan ese miedo.
La empresa privada y la oligarquía salvadoreña deben entender que si las condiciones de pobreza y exclusión social, el bajo nivel educativo y cultural además del poco desarrollo tecnológico-científico y la represión indiscriminada por ser pobre y joven se mantienen, la amenaza de una grave convulsión social, de una insurrección popular, pesará sobre sus cabezas siempre. Y no se trata de poner de moda entre la derecha palabras como “solidaridad” o “popular” o tener encuentros con “socialistas moderados” que exponen sus “logros económicos” en llamativos congresos. En sociedades como la chilena, donde existe una Democracia más desarrollada, la empresa privada sí PAGA LOS IMPUESTOS QUE DEBE PAGAR.

La situación del país exige medidas inmediatas e integrales. Pretender que la ola de violencia y crímenes corresponde solo a las maras o pandillas, es ver la realidad con demasiada estrechez, como viviendo en la caverna de Platón. Hay que hablar en voz alta del crimen organizado y del terrorismo social que fuerzas oscuras promueven para erosionar el apoyo popular que tiene este primer gobierno de alternancia.

Excelentísimo Sr. Presidente, deje aún lado la duda y haga lo que sabe que debe hacer ahora que cuenta con el apoyo de la mayoría de la población salvadoreña. El pueblo esta dispuesto a luchar por los cambios que sean necesarios para salir de esta terrible noche. No dude en poner un alto a esta barbarie, hemos luchado y hemos muerto, hombres y mujeres, pero seguimos con el brazo en alto, siempre dispuestos a vivir por la revolución.

lunes, 7 de diciembre de 2009

CAPITALISMO NEOLIBERAL vrs. DEMOCRACIA

El Salvador está enfrentando grandes retos en un momento trascendental de su historia. Por vez primera, desde la conquista y posterior colonización de nuestra tierra, la independencia, la guerra civil, la firma de la paz y tras 20 años de gobiernos de ARENA; la izquierda logra acceder al poder ejecutivo del país a través del FMLN junto a una alianza con la centro derecha y centro izquierda del país, dando pie a la posibilidad de consolidar nuestra democracia y construir un verdadero Estado de Derecho.

Sabemos sin embargo que las condiciones del país, en las que está inmerso este novel gobierno, no son para nada fáciles. La crisis global del capitalismo ha golpeado a todas las naciones, especialmente a aquellas más dependientes de los Estados Unidos como la nuestra; sumado a esto, la situación en que la derecha entrega el Estado es deplorable, con una deuda gigantesca y una muy debilitada institucionalidad; además del auge imparable -hasta el momento- de la criminalidad. Y para culminar un año de fuertes acontecimientos, sufrimos nuevamente, la tragedia por el embate de la naturaleza debido a nuestra profusa vulnerabilidad ambiental, incrementando la ya complicada situación con que la izquierda recibía el poder ejecutivo del país.

Está claro que los problemas que arrastra nuestra incipiente democracia no se pueden solucionar en 5 años y mucho menos en 6 meses, pero sí es posible marcar el camino hacia un nuevo horizonte. En este marco de crisis económico-social y de tragedia medio ambiental, es necesario que valoremos la viabilidad, para nuestro país, del sistema político económico que se ha venido aplicando desde el fin de la guerra: el capitalismo neoliberal. ¿En verdad ha ayudado a la consolidación de nuestra democracia? ¿Ha creado un verdadero libre mercado que permita el desarrollo y crecimiento económico para toda la población? ¿Ha reducido la brecha entre ricos y pobres? ¿Ha mejorado las condiciones de vida para todos y todas las salvadoreñas? ¿Ha fortalecido al menos la institucionalidad del país?

La crisis global del capitalismo, la deuda que tiene con la construcción de un Estado de Derecho; su incapacidad para distribuir la riqueza que generan hombres y mujeres, y su carácter patriarcal, dominante, excluyente y discriminatorio, nos obliga a hacer una reevaluación del mismo y a profundizar la relación que existe entre éste y el sistema democrático que tratamos de construir.

Como izquierda hemos hablado desde siempre acerca de que, los problemas en nuestro país son de carácter estructural, es decir, están en estrecha relación con la política económica impuesta. No es posible seguir negando que las acciones del capitalismo neoliberal, destruyen la identidad y autodeterminación de los pueblos y sus naciones, sobre explota sin misericordia los recursos naturales del planeta, y tiende al aumento de la concentración de la riqueza, la tierra y los medios de producción en un afán de hegemonía comercial que beneficia ampliamente los intereses económicos de las grandes transnacionales; algo que ya señalaban Marx y Engels desde 1848:

“La burguesía, al explotar el mercado mundial, […] destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. […] La burguesía […] Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.”

Aunque las derechas declaran la muerte de Marx, el Comunismo y el Socialismo desde hace décadas, al revisar sus postulados pareciera que no han pasado sino un par de años desde sus primeras publicaciones. La vigencia y actualidad de su pensamiento es tan palpable ahora, como las caídas de las bolsas mundiales. Por ejemplo, en el manifiesto, hace más de 160 años, se plantea la subordinación de los Estados a los intereses de la burguesía y sus capitales:

“Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.”

Este planteamiento, a lo largo de los años no ha hecho otra cosa que no sea consolidarse. Los tratados de libre comercio son el mejor ejemplo de ello. Nuestro país para ratificar el TLC con EU tuvo que adecuar y cambiar su marco jurídico, comprometiendo y debilitando nuestra institucionalidad y soberanía:

“… la dimensión del CAFTA-DR […] no significa solamente en acuerdo comercial sino que afecta el andamiaje jurídico de nuestros países, comprometiendo su soberanía al servicio de empresas transnacionales.”

La gran pregunta ahora es, si desde hace tanto tiempo la izquierda viene planteando los problemas del capitalismo, ¿Por qué no ha podido superarlo? La fuerza del capitalismo reside en su capacidad de encubrir, trastocar y transmitir como “sus valores y principios”, aspectos ideológicos, políticos y económicos, como la libertad individual, el libre comercio, la propiedad privada, la libre expresión y demás; como derechos comunes a todos y todas. De tal manera que en la sociedad, las personas, la mayoría de hombres y mujeres, asumen, interiorizan e identifican que los intereses y derechos que les atañen a ellos/as, son los que defiende el capitalismo; de manera tal, que éste logra representarse a sí mismo como el sistema económico y político que defiende un ideario de libertades que se construyen sobre un estamento democrático. En consecuencia, hablar de capitalismo es hablar de democracia. Por el contrario, pero en la misma línea, a partir de la guerra fría, el imperialismo estadounidense, señaló al socialismo como un sistema dictatorial, antidemocrático y represivo de las libertades humanas. El sistema totalitarista, frente al cuál había que luchar.

“… Si atendemos a la situación mundial después de la derrota del fascismo en 1945, el escenario internacional se polarizaba entre el capitalismo y el comunismo. […] mientras en Oriente los soviéticos utilizaban los términos según la dupla mencionada, […] En Occidente, la Guerra Fría fue presentada como una batalla entre la democracia y el totalitarismo. El bloque occidental no utilizaba el término “capitalismo” para autoreferenciarse, ya que éste era considerado básicamente un concepto del enemigo, un arma contra el sistema en lugar de una descripción del mismo. Occidente se expresaba en nombre del “Mundo Libre” y no del “Mundo Capitalista…”

A medida que la hegemonía de los EEUU se incrementaba luego de la segunda guerra mundial, las formas de dominación ideológica se fueron expandiendo. Sin duda que un fuerte complemento en la expansión del capitalismo moderno han sido los medios de comunicación. Al asumirse como “defensor del mundo libre” el imperialismo occidental, comienza una ardua lucha ideológica que impulsa a través de la maquinaria mediática, generando y manipulando la opinión pública, distorsionando los hechos de la realidad para defender sus posturas imperialistas, exponiéndolas como democráticas; mantenido a su disposición un sin fin de periódicos, revistas, radios y canales de televisión. Sin embargo, los medios de comunicación son solo una parte de lo que Louis Althusser define como los “Aparatos Ideológicos del Estado” y que sirven para la “reproducción de las condiciones de producción” junto con el sistema educativo, religioso, jurídico, sindicatos etc.

“…los aparatos ideológicos de Estado funcionan masivamente con la ideología como forma predominante pero utilizan secundariamente, y en situaciones límite, una represión muy atenuada, disimulada, es decir simbólica. (No existe aparato puramente ideológico.) Así la escuela y las iglesias “adiestran” con métodos apropiados (sanciones, exclusiones, selección, etc.) no sólo a sus oficiantes sino a su grey. También la familia... También el aparato ideológico de Estado cultural (la censura, por mencionar sólo una forma), etcétera.”

Al fracasar el socialismo real, estos aparatos ideológicos no tuvieron mayor oposición dejando el camino abierto a la expansión planetaria del capitalismo: la globalización de los mercados. Pero poco a poco la población mundial va comprendiendo que entre capitalismo y democracia existen grandes contradicciones y que los intereses del primero poco tienen que ver con los del segundo. Las luchas de los movimientos sociales comienzan a ser escuchadas por aquellas personas que por comodidad con el sistema, han preferido ignorarlas. Pero los problemas son tantos, que poco a poco va cayendo la máscara. No es posible seguir obviando que con tal de mantener sus privilegios el imperialismo norteamericano, bajo el argumento de la “defensa de sus intereses”, pisotea el derecho internacional con la ayuda de otros gobiernos, que aunque parecieran independientes, son simples lacayos que no pueden decir que no a las órdenes del amo. Pero los pueblos, tarde o temprano, abren los ojos y se ponen de pie.

“A comienzos de 2003 Europa ha visto las manifestaciones callejeras más grandes de toda su historia en contra de la guerra que se preparaba en Medio Oriente. En España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra, millones de personas salieron a las calles a expresar su oposición a la invasión de Irak –incluso muchos ciudadanos norteamericanos optaron por manifestarse en contra de esta guerra.”

Ahora bien, el estandarte del capitalismo es el libre mercado, ante el cual el Estado debe estar sometido, pues según las derechas, la dinámica de los mercados equilibra la vida social y permite el desarrollo y crecimiento económico para toda la población, sin necesidad de que el Estado intervenga, salvo para proteger las condiciones que este sistema requiera para funcionar. Pero… ¿realmente es así?

Para valorar la realidad de los planteamientos de las derechas vamos a remitirnos a las tesis de las 4 contradicciones que establece Atilio A. Boron entre los Mercados y la Democracia . Para este autor la incompatibilidad de estos sistemas se expresa en los siguientes términos:

1. ¿Poder ascendente o descendente? Mientras que la democracia es un sistema que tiene por base la igualdad jurídica y la plena autonomía de los/as ciudadanos/as en donde los y las mismas participan en la construcción de la autoridad pública, a través de diversos medios -votaciones, cabildos, debates, elección de representantes, que en teoría deben responder al mandato popular-. Es decir que el poder de la democracia se construye de abajo hacia arriba (lógica ascendente) dado que al final el pueblo cede, delega, su derecho a la opinión y decisión a una persona o grupo de personas, en las que percibe reflejado su pensamiento, para guiar el rumbo del País. Por el contrario en el mercado el poder se concentra arriba, obedeciendo a una lógica descendente: son los grupos que se benefician con el funcionamiento del mismo quienes tienen “capacidad de "construirlo", organizarlo y modificarlo a su imagen y semejanza, y lo hacen de arriba hacia abajo con criterios diametralmente opuestos a los que presiden la constitución de un orden democrático”.

De tal manera que si en la democracia el poder reside en la base popular que lo construye, de cara a la satisfacción de las necesidades de todas y todos los miembros que la componen, en el mercado el poder esta en aquellos que se benefician de él. En el mercado no existe ninguna pretensión de igualdad e inclusión, propia de un orden democrático; en el mercado rige la ley del más fuerte, y el más fuerte, es el que logra manipularlo a su conveniencia.

2. ¿Participación o exclusión? La lógica de la democracia es “incluyente, abarcativa y participativa, tendencialmente orientada hacia la creación de un orden político fundado en la soberanía popular”. Es importante tener claro, cuando hablamos de democracia, que es lo que esperamos de ella. El capitalismo utiliza este concepto para justificar su hacer, bajo la premisa del desarrollo democrático, impulsa medidas económicas de las que se benefician solamente los grandes capitales transnacionales y donde la soberanía popular no representa ni vale nada. El neoliberalismo se ha encargado de presentar a la política y a la administración pública como algo totalmente ineficiente y corrupto. Contrario a la empresa privada, quien debe tener mayor peso en la sociedad, pues es mucho más eficiente y libre de corrupción. Logrando de esta manera que los y las ciudadanas no participen en la discusión de los asuntos públicos, autoexcluyéndose de la toma de las grandes decisiones.

La búsqueda de la construcción de un poder popular por parte de la democracia busca la inclusión y participación de todos los sectores de la sociedad que dan cuerpo a un país, por el contrario en el mercado no existe una dinámica de inclusión o de participación de todos o todas; “… prevalecen la competencia, la segmentación y la selectividad, el mercado opera sobre la base de la competencia y la "supervivencia de los más aptos", y no está en sus planes promover el acceso universal de la población a todos los bienes que se transan en su ámbito. Como reza el neoliberalismo, el mercado es un espacio privado y para ingresar en él es preciso adquirir un billete de entrada […] La participación en el consumo, a diferencia de la participación en la vida democrática, lejos de ser un derecho es en realidad un privilegio que se adquiere de la misma manera que cualquier otro bien en el mercado. Si en la democracia la participación de uno exige y potencia la participación de los demás, en el mercado el consumo de uno significa el no consumo del otro”.

3. ¿Justicia o ganancia? La democracia al tratar de construir un poder popular que organice el funcionamiento de la sociedad y el Estado, toma como base el valor de la justicia, es decir que cada ciudadano y ciudadana dentro de una democracia al ser en esencia igual jurídicamente, tiene acceso a los mismos derechos y responde a las mismas obligaciones que todos y todas las demás, sin exclusión o discriminación por género, preferencia o identidad sexual; ni por creencias religiosas, edad, clase o estatus social, pertenencia étnica y/o capacidades especiales. En este sentido la justicia se convierte en principio generador y fin último de la democracia. “…es muy improbable y más que problemática la sobrevivencia de la Democracia en una sociedad desgarrada por la injusticia, con sus desestabilizadores extremos de pobreza y riqueza…”

Todo lo contrario al mercado, en donde la justicia es algo totalmente ausente en su propia dinámica, tanto por su estructura como por su lógica interna y los fines que persigue. Si en la democracia el principio y el fin, es el logro de la justicia, en los mercados el principio y el fin es la ganancia, “…el rédito y no la equidad. La justicia es una molesta distorsión "extra económica" que interfiere en el cálculo de costos y beneficios y que sólo puede tener un efecto paralizante en la dinámica impiadosa de los mercados”.

Entonces, ¿puede funcionar un sistema cuya última finalidad es el lucro sin tomar en cuenta las consecuencias que genera la filosofía del “fin justifica los medios”, dentro de una sociedad que busca construir, sobre el pilar de la justicia, un Estado Democrático? ¿Puede el capitalismo neoliberal conducir a una sociedad donde prive la justicia, cuando para mantener su propia dinámica necesita de una masa de hombres y mujeres cuya única propiedad sea su fuerza de trabajo, para venderla cuando el empresario necesite comprarla, al precio que éste último impone?¿Cuándo para mantener las multimillonarias ganancias de las transnacionales, debe mantenerse una creciente ansia de consumo, en una población que piensa que eso es la libertad, el consumismo de una gran cantidad de artículos suntuosos y que al obtenerlos, obtiene también una posición de prestigio y privilegio por sobre los demás que no pueden tener acceso a ellos, pues no trabajan lo suficiente para pagárselos? Esa es la libertad capitalista: el consumismo. La justicia no es algo que entre en ese esquema, pues no genera riqueza al sopesar el principio del costo-beneficio.

4. ¿De la polis a los mercados o de los mercados a la polis? A lo largo de los años, la lucha de los y las trabajadoras, las feministas, los sindicatos, los partidos de izquierda, las organizaciones que representan a diversos sectores populares han ido cosechando triunfos por los cuales “una amplia gama de exigencias y necesidades consideradas "privadas" en el capitalismo decimonónico –como la salud, la educación, la seguridad social, la recreación, etc. – se convirtieron en bienes colectivos”. Estas luchas demuestran la lógica expansiva que tiene la democracia, es decir que las victorias logradas por unos y otras, se extienden al resto de la sociedad, y no son logros que se restringen al sector o grupo que los alcanzó.

Sin embargo, en la contra ofensiva del capitalismo neoliberal, se da todo lo contrario, un fuerte impulso privatizador de aquellos derechos ya alcanzados, al tiempo que se da un retroceso en la fortaleza del Estado, desprendiéndose éste de sus funciones como garante de los derechos ciudadanos, en beneficio de una mercantilización de los mismos, dándole a la empresa privada la responsabilidad de administrarlos, pero bajo una visión de productos de consumo, en lugar de derechos civiles o humanos: “Derechos, demandas y necesidades previamente consideradas como asuntos públicos se transformaron, de la noche a la mañana, en cuestiones individuales ante las cuales los gobiernos de inspiración neoliberal consideran que nada tienen que hacer salvo, eso sí, crear las condiciones más favorables para que sea el mercado quien se encargue de darles una respuesta. Si antes la salud, la educación o el más elemental acceso al agua potable eran derechos consustanciales a la definición de la ciudadanía, la colonización de la política por la economía los convirtió en otras tantas mercancías a ser adquiridas en el mercado por aquellos que puedan pagarlas.”.

Como podemos ver, las tesis de este autor, nos muestran la gran contradicción que existe entre la democracia y los mercados capitalistas neoliberales, y como éstos, lejos de construir una sociedad donde prive la justicia, construyen sociedades consumistas y desequilibradas, donde los objetivos individuales son la obtención de ganancias que permitan el acceso a los privilegios que vende el capitalismo como libertades democráticas. ¿Es esto lo que queremos para nuestro país?

Para la izquierda revolucionaria salvadoreña está claro que este gobierno no representa aún los intereses de las grandes mayorías populares, pero puede sentar las bases para la construcción de un verdadero Estado de Derecho al fortalecer al menos la institucionalidad del país, incluyendo la visión de género a sus políticas, exigiendo un verdadero trabajo y un adecuado funcionamiento a una Fiscalía General de la República o a la Corte de Cuentas; modernizando a la PNC; reformando el sistema educativo para formar hombres y mujeres analíticas y criticas que hagan algo más que adaptarse al sistema, fortaleciendo a la Universidad Nacional de El Salvador y a otras instituciones importantes dentro de un sistema democrático. Pero hay que tener claro que mientras no se cambie el sistema político económico los grandes problemas estructurales de nuestro país no encontrarán solución, ni a corto ni a largo plazo.

La reconstrucción que ahora inicia nuestro pueblo debe darse sobre una nueva visión político-económica, que estimule el desarrollo de una economía verde, con políticas de sustentabilidad y recuperación medioambiental, que potencien modelos alternativos al capitalista para la generación de riqueza, reevaluando al mismo tiempo la concepción de la “riqueza” que el ser humano es capaz de crear. Que desmonte el estado patriarcal y donde se apliquen políticas de seguridad, inclusión y participación político-social, sin exclusiones por género, edad, preferencia o identidad sexual o creencias religiosas y/o pertenencia étnica. Donde se fortalezca la institucionalidad estatal, para garantizar los derechos a los que todos y todas debemos tener acceso. Sólo así el desarrollo y crecimiento económico será equilibrado, justo, solidario, equitativo y amigable con el medio ambiente y el ser humano.

En estos primeros meses se han dado pequeños pero importantes avances en lo que respecta a la identidad política de este novel gobierno de izquierda; como una nueva visión para administrar los problemas del sistema carcelario; la postura firme para impulsar una reforma fiscal necesaria, aunque todavía superficial y por ende insuficiente; el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba; el rescate de la dignidad de algunas de las víctimas que fueron asesinadas durante la guerra, como es el caso de monseñor Romero, los padres jesuitas y sus asistentes; una nueva visión también, en la Academia Nacional de Seguridad Pública, que busca humanizar la formación de los y las agentes de la Policía Nacional Civil; la construcción de un escenario como el CES (Consejo Económico y Social) donde se le abren las puertas a los movimientos sociales, sindicatos, Ong’s, empresa privada y otras más, para discutir las políticas que el gobierno planea implementar.

Pero, también hay deudas, como la construcción de la presa el chaparral so pretexto de la necesidad energética; no existe una investigación formal sobre la corrupción durante los gobiernos de ARENA; la falta de una política exterior fuerte e independiente, correspondiente con los intereses nacionales; la salida del ejército nacional a las calles para combatir el auge de la delincuencia y la criminalidad.

Es un largo camino el que hay que recorrer para la construcción de un Estado Democrático, es necesario comenzar de una vez. Frente a toda esta problemática ¿cual es la opción si el denominado socialismo real ya fracaso? ¿El socialismo del siglo XXI? Esa es la discusión que deseamos introducir.

jueves, 20 de agosto de 2009

Democracia Socialista en El Salvador

El socialismo como sistema político-económico-social en continuo y vigente desarrollo, sigue siendo la opción frente a la desnaturalización (deshumanización) de la humanidad, que ha generado el capitalismo a lo largo de su historia y que nos ha conducido a la actual crisis de valores, desequilibrio en el desarrollo económico, guerras, depredación medio ambiental, crisis alimentaria, y de salud.

En este contexto, frente a la necesidad propia del ser humano por alcanzar el potencial máximo de su naturaleza creadora, es necesario cambiar este sistema que permite, promueve y privilegia la acaparación y concentración de los recursos naturales y la riqueza que se produce gracias al trabajo de hombres y mujeres.

El Capitalismo se forja en contravalores y por su naturaleza intrínsecamente egoísta, busca por todos los medios mantener su poder hegemónico sobre los pueblos, impidiendo de este modo el desarrollo equitativo de los seres humanos; y donde por el contrario, lo que aumenta es la contradicción entre los derechos universales de la humanidad y el estatus de una clase económicamente poderosa y políticamente dominante que considera que su derecho es tener y mantener sus privilegios por sobre los demás.

Bajo este panorama es necesario el desarrollo y aplicación de un sistema político, económico y social que privilegie la justicia, potencie la solidaridad y distribuya equitativamente la riqueza que hombres y mujeres producen al trabajar. Donde además, se persiga el equilibrio entre las necesidades sociales y la disponibilidad de los recursos naturales de la tierra, manteniendo así la sustentabilidad de los mismos.

¿Por qué la Democracia no ha cumplido con las expectativas de desarrollo que implican sus principios teóricos? Porque en la realidad práctica, desde el capitalismo y la Democracia Representativa, el poder lo ejerce un grupo de personas en los que se delega la potestad de decisión, no es el pueblo en su totalidad quien ejerce el poder. Bajo la premisa formal de la Democracia Representativa, se esconde en el discurso ideológico, la concentración del poder en las pocas manos de la oligarquía que no deja espacio para la participación de los y las ciudadanas en la toma de las grandes decisiones de nuestro Estado-Nación.

Ahora, desde el Socialismo, perseguimos la construcción de la Democracia Participativa como medio para que el pueblo ejerza realmente su soberanía, es por eso que planteamos aquí la Democracia Socialista. Que se suma al esfuerzo del Socialismo del Siglo XXI, pero desde la perspectiva, condiciones y necesidades de la realidad del pueblo Salvadoreño. En tal sentido presentamos, para su discusión, 3 ideas básicas cuyo fin es ser un aporte para la construcción del Sistema Socialista Salvadoreño.

Organización Social: Vanguardia de la Lucha Política.

Es necesaria la consolidación de la organización del movimiento popular y la articulación con otros sectores para ir constituyendo al sujeto histórico que pueda incidir en el curso de la historia de nuestro país, e instituya una hegemonía desde los intereses del pueblo en todos los ámbitos de la sociedad. La creación de espacios de amplia participación para el análisis de la realidad, la construcción de pensamiento crítico y prácticas políticas alternativas, serán los medios que fortalezcan al movimiento social.

Es una exigencia histórica profundizar y ampliar la organización en todo el país, en sus diferentes expresiones sociales y territoriales. Promocionar la participación ciudadana, individual y colectiva, en las diferentes estructuras del Estado tanto a nivel nacional como local, para que en el ejercicio de su poder, se construya la Democracia Participativa. Y motivar la movilización social de la población ante situaciones que les aquejan, sean estas sectoriales y/ o territoriales: locales y/o nacionales; articulando las dinámicas micro con las macro.

El enfoque histórico de que sea un partido político la vanguardia del movimiento revolucionario y además sustento teórico de la acción política ya no cabe, esta postura mantiene en su génesis la concentración del poder en unas pocas manos o cabezas que disponen arbitrariamente del criterio de “idoneidad” para filtrar tanto a miembros como a ideas. Criterio que es excluyente y contrario a la visión de respeto a la diversidad e inclusión que busca el socialismo. Es a través de la organización social, articulando las complejas necesidades de los múltiples actores, sobre la base de principios éticos universales, como pueden alcanzarse los consensos necesarios para plantear objetivos y metas de nación que potencien el desarrollo social, económico y cultural de manera equilibrada, justa y solidaria.

Libertad.

La libertad es ante todo, una responsabilidad social, en tanto que acción individual, afecta directamente a los miembros de una comunidad. Ésta se origina a partir de una conciencia, una situación y una condición histórica, social, psicológica y espiritual, que se construye dentro del marco socioeconómico, político y cultural en el que el hombre y la mujer nacen, crecen y se desenvuelven, situaciones que si bien no les determinan, les condicionan en sus relaciones sociales.

No es un derecho de la naturaleza individual del ser humano, lo propio de la naturaleza humana es el libre albedrío, pero la libertad, como acción, es una responsabilidad que se construye o destruye; que existe únicamente dentro de una sociedad.

Ahora bien, la autoconciencia de la situación de encierro, esclavitud, sometimiento, etc. (experiencia que vive el ser humano solo dentro de una sociedad “civilizada”) es la condición necesaria para que, el que está sometido aspire a la libertad, pero para alcanzarla debe tener los medios y saber que herramientas son las que necesita para conquistarla.

Algunos de estos medios y herramientas principian por el fortalecimiento de la familia como institución, el acceso a la educación, al conocimiento, el fomento de la investigación científica y sobre todo privilegiar los valores humanos positivos. Esto es lo que permitirá el desarrollo y construcción de una nueva sociedad verdaderamente libre. Educación, conocimiento e investigación permiten incrementar la capacidad de interpretación, a través de la cual puede alcanzarse la compresión de la realidad para posteriormente lograr su transformación; fomentar los valores humanos positivos guía esa transformación hacia el bien común, el fortalecimiento de la familia promoverá el sentido de pertenencia, solidaridad e identidad, al tiempo que eleva el valor de la autoestima y facilita la integración social.

Es por todo eso que el Estado debe garantizar: la protección de los derechos de la familia, y una educación tanto integral como especializada, que fortalezca y potencie el espíritu de servicio, humildad y generosidad, valores que ennoblecen al ser humano; que permita tanto a hombres como mujeres tener en sus manos las diversas opciones que garanticen el máximo desarrollo posible de sus facultades individuales en aras de alcanzar el mayor grado de libertad posible, entendiéndola, no como la acción individual e individualista (propia del capitalismo) que la considera como el derecho a la acumulación, concentración y acaparamiento de la riqueza material producto del que hacer humano (que se traduce en la explotación del y la pobre), sino por el contrario, concientes de que nuestra libertad tiene ante todo una construcción social, que nos convierte en seres interdependientes y por tanto el bienestar y felicidad del ser humano esta en directa intradependencia y correlación con el bienestar de la comunidad.

No existe la libertad individual sino únicamente dentro de una libertad social. Para que la primera sea un derecho universal, debe ser primero una responsabilidad común a todos los hombres y mujeres, no como es hoy en día para el capitalismo, un privilegio del que dispone una clase económicamente poderosa y políticamente dominante, para la cual la máxima expresión de la libertad es el derecho a comerciar, en lo que el neoliberalismo llama falazmente “libre mercado” (al que impulsó con políticas neoliberales, que a partir de esta crisis económica global han demostrado ser el mayor error del capitalismo). Donde es “más” libre el que más riqueza material tenga, sacrificando para ello la libertad y la riqueza de los demás; porque en el capitalismo la lucha no es social, es individual, es egoísta, utilitarista, mezquina y ruin, donde la postura maquiavelista del “fin justifica los medios” se expresa en toda su dimensión, pues para que unos/as tengan más y puedan disfrutar del privilegio de la libertad, es necesario que otros/as tengan menos para poder explotar sus necesidades y someterlos/as a sus intereses, los intereses del mercado, intereses oligárquicos e imperialistas.

Para crear nuevas condiciones de libertad es necesaria una visión solidaria y comprometida con aquellos que no tienen posibilidades de desarrollo y por lo cual permanecen en un estado de sometimiento, sobre todo frente a la ignorancia de su propia condición.

La libertad no es un derecho individual, ni un privilegio, es una responsabilidad que se construye en comunidad y frente a la cual debemos responder con nuestras acciones y por nuestras acciones. Por lo tanto nos debe obligar a actuar cordial y equilibradamente en y con la realidad humana diaria, ya que gracias a esta libertad, tenemos la capacidad de destruir o construir un mundo donde cada hombre y cada mujer puedan vivir en armonía con la naturaleza, con dignidad, respeto, solidaridad y justicia social. Pero sobre todo, donde el desarrollo y crecimiento económico sea un medio para alcanzar la felicidad y no un fin que más que acercarnos, nos aleja de ella.

Estado y Poder.

El Estado debe ser promotor y protector de una sociedad que en su forma de gobernarse se rija por la Democracia Participativa, que para definirla con sencillez diremos que es un “modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas. En la actualidad se manifiesta usualmente por medio de referendos o plebiscitos que los representantes elaboran para consultar a la ciudadanía o por medio de iniciativas de consulta que los ciudadanos presentan a los representantes.” [1]; con métodos y principios de transparencia, horizontalidad, autonomía, equidad, inclusión, cooperación y solidaridad, con la convicción de que se debe “democratizar” la democracia en todas las esferas de la vida social, política, económica y cultural. Debemos construir un Estado que se esfuerce por fortalecer la identidad salvadoreña, promoviendo la cultura de los pueblos originarios y rescatando la historia de las luchas de resistencia, revolucionarias y de emancipación ante el colonialismo y neocolonialismo.

Donde, en el desarrollo de un sistema económico y social, tengan cabida distintas formas de generación de la riqueza, que garantice una distribución justa y equitativa, promoviendo relaciones sociales humanizantes, incluyentes, no dominantes, equitativas entre mujeres y hombres. En el cual el crecimiento económico permita la sustentabilidad, integrándose a las dinámicas de la madre naturaleza y que no la afecte negativamente; que proteja y promueva el rescate de la biodiversidad, pensando en las generaciones futuras.

Un Estado que defiende la soberanía y autodeterminación de la Nación, pero a la vez, participe en la integración Centroamericana y Latinoamericana, en los movimientos por un nuevo mundo mas humano. Y en el cual los medios de comunicación, masivos y alternativos, estén al servicio del desarrollo de las personas mediante la promoción de la identidad nacional y la participación ciudadana, al tiempo que promueve la tolerancia y respeto por los demás pueblos de nuestro mundo.

Esto quiere decir, abandonar el régimen de la Democracia Representativa, pues bajo este sistema el pueblo delega su voluntad de decisión a un grupo de personas que en teoría le representa, pero que en la práctica vela, o por intereses partidarios o por los intereses de la oligarquía. La representatividad socava la voluntad popular del pueblo, por eso debe sustituirse por el régimen de Democracia Participativa, donde los mecanismos de decisión no se reducen a la representatividad lograda a través de los partidos políticos que al final no responden a los intereses del pueblo.

Para ello es necesario, tener y ejercer el “poder”, en al ámbito político, económico, social y cultural, en sus diversas facetas: como capacidad, facultad, fuerza y vehículo de la acción transformadora. Es imperativo, a través y mediante lo organización social, construir ese poder popular que permita en primera instancia, dominar al poder político, ocupando los cargos públicos donde se tomen las decisiones transcendentales de la Nación, pues en la medida en que el pueblo organizado se pronuncie, exija y participe en las diversas instituciones para que cumplan con las funciones constitucionalmente asignadas se fortalece y encamina la construcción de un verdadero Estado de Derecho cuya base sea una Democracia Participativa que potencie progresivamente y al mismo tiempo el Estado Socialista Salvadoreño.