viernes, 5 de marzo de 2010

AGROCOMBUSTIBLES

Despojo de tierras para agrocombustibles: ninguna tierra es marginal

08.04.2009

Antes poblaciones y biodiversidad, ahora solo palma
Antes poblaciones y biodiversidad, ahora solo palma

Brasil, Colombia o Argentina son considerados como regiones con gran potencial para expandir la producción de agrocombustibles para abastecer a la Unión Europea, en mucha mayor medida de lo que ya se viene dando en estos países. Una de los argumentos que se esgrimen por parte de los defensores de los agrocombustibles es la existancia de extensas áreas de tierra disponibles, a las que se denominan comúnmnete como “tierras marginales” o tierras de deshecho, abandonadas, improductivas. Sin embargo, en este artículo sostendremos que el concepto de “tierras marginales” -tierras con un bajo valor productivo es un concepto muy confuso y su uso en el contexto de los agrocombustibles puede resultar peligroso. Esta calificación de “marginal” es introducida por un interés productivista y económico de considerar los suelos (1). Desde nuestro punto de vista, el hecho de que un recurso natural, como lo es el suelo, no esté siendo utilizado para producir un beneficio económico para el mercado globalizado, no significa que no tenga un gran valor ecológico y para las poblaciones locales.

Desde un punto de vista ecológico no existe la marginalidad. En zonas de poca productividad, la producción de biomasa puede ser baja, o puede ser necesaria gran cantidad de fertilizantes y agua, lo que tendrá otras consecuencias como contaminación de aguas y toxicidad. Las denominadas tierras marginales tienen desde un punto de vista social, una función clave para la subsistencia de comunidades rurales. Así lo destaca un reporte reciente de la FAO (2). La población rural, y de un modo especial las mujeres, extraen habitualmente de estas áreas, todo aquello que necesitan para su subsistencia, como el alimento, caza, agua y leña. Los planes de expansión de los monocultivos industriales tan sólo extreman el problema de la concentración de tierras, y termina dificultando e incluso impidiendo su acceso a la población que depende de ellas, y así minando su modo de vida.

Muchas áreas naturales en Latinoamérica, como en Brasil la selva amazónica, el cerrado, la mata atlántica y el pantanal, han sido ya gravemente afectados por el boom de la producción de agrocombustibles, y la conversión del uso de las tierras en monocultivos industriales. Millones de indígenas, afrodescendientes y campesinos viven en estos ecosistemas, y dependen de ellos. Muchos han sido ya expulsados de sus hogares, a menudo con violencia. Hoy crece palma aceitera, maíz, caña de azúcar o sojá transgénicas en sus territorios ancestrales. Los impactos indirectos del desplazamiento de personas son muy serios y deben ser tomados en cuenta. Estos se encuentran repentinamente obligados a comenzar una nueva vida, casi siempre en condiciones muchísimo peores, en los suburbios pobres de las grandes ciudades o villas miseria (3).

Las preocupaciones de los campesinos y organizaciones sociales y ambientales latinoamericanas deben ser tomados en consideración y respetados no sólo por aquellos que elaboran las políticas globalizadoras, sino también por consumidores y hasta por ambientalistas. Las políticas de la Unión Europea que promocionan ampliamente la introducción de agrocombustibles que deben elaborarse a base de materias primas procedentes de las commodities de estas tierras supuestamente “marginales”, están olvidando o fallando en valorar a las poblaciones rurales de los países del Sur, sus modos de vida y los ecosistemas donde viven y de los que dependen, sus culturas, sus tradiciones, y así también sus derechos. Estas poblaciones no están orientadas al mercado global, sino a la producción de alimentos para sí mismos. Esto es lo que se califica de “marginal” o “deshecho”. En países como Malasia o Indonesia se habla de la existencia de grandes áreas de tierras marginales, donde deberán implementarse las plantaciones de palma africana, pero sin embargo, estos países tienen unas de las tasas de deforestación más altas del mundo. Todos sistemas de certificación de agrocombustibles que aspira a implementar la Unión Europea para la supuesta utilización de agrocombustibles “sostenibles”, fallan en resolver el problema de las tierras marginales, sugiriendo simplemente que los cultivos para agrocombustibles deben implementarse en estas tierras, sin acertar a definir de un modo claro cuáles son y dónde están.

Retomando la reflexión acerca de las tierras marginales, nuestra apreciación en el seguimiento que hacemos de cómo se está desenvolviendo la expansión de los monocultivos, es que la industria de agrocombustibles tiene sus ojos puestos principalmente en las mejores tierras, pero de modo intencionalmente confuso se utiliza este término de “tierras marginales”. Lo que realmente puede observarse, es que la producción de agrocombustibles está teniendo lugar sobre los ecosistemas naturales, los sistemas de agricultura local y sobre las propias comunidades rurales.

Hablamos de Argentina, donde niños mueren de hambre diariamente en todo el país, de Colombia, donde la población afrocolombiana está siendo desplazada con violencia y asesinada por encargo de empresas para hacerse con sus tierras para las plantaciones de palma; de Brasil, donde la reforma agraria es el principal motivo de lucha para la población rural. En estos países, ninguna tierra es tierra marginal.

Caso Argentina: De la Soja a la Jatropha

En Argentina, algunos funcionarios del gobierno y empresas intentan promover la jatropha como cultivo que restaura los suelos y da un aceite reutilizable y no comestible. La planta a partir de la que se produce este aceite, supuestamente crece en “tierras marginales”, con una alta productividad y sin competir con la cadena alimentaria humana ni animal.

El Grupo de Reflexión Rural GRR, que se ocupa intensamente de los problemas que ocasiona el agronegocio en el campo argentino, denuncian que estos planes producirán aún más desplazamientos de campesinos, más concentración de tierras y de riqueza en pocas manos, además de añadir miles de hectáreas deforestadas a los ya desaparecidos bosques. “No se limitará a aumentar la pobreza, el hambre, la tuberculosis, el chagas, la leishmaniasis o la fiebre amarilla, sino que además, la especie es extremadamente invasiva y su impacto en áreas de biodiversidad como el chaco será aún peor que el impacto de la soja transgénica” denuncia un representante del GRR. Esto significa, que como ya ha pasado con otros de los cultivos destinados a la producción de agrocombustibles en Latinoamérica, como la soja, la palma, la caña de azúcar o el maíz, la introducción de jatropha en el sistema económico, “no significará mayor desarrollo para las familias campesinas y para las comunidades, pero incrementará el producto interior bruto que sólo enorgullece al gobierno, confundiendo una vez más crecimiento con desarrollo”. El cultivo de la jatropha curcas está por cierto aún prohibido en Argentina, porque los correspondientes estudios de plagas aun no han sido efectuados en el país. (4)

La expansión indiscriminada de los monocultivos de soja y la apertura a la lógica del agronegocio del mercado mundial, han destruido la coexistencia en el campo argentino entre grandes terratenientes, pequeños campesinos e indígenas. Los grandes terratenientes que se asociaron con las multinacionales ganaron la batalla, y miles de campesinos fueron desplazados en los últimos años del campo argentino. Mientras el precio internacional de la soja aumentaba, la soja se exendía más allá de las tierras fértiles, hacia las llamadas “tierras marginales”, en el norte del país. Ahí vivían campesinos que cultivaban alimentos, y comunidades indígenas que luchaban por sus derechos territoriales, de los que dependían para su supervivencia (5). Esa región tiene además una de las tasas de biodiversidad más altas del país. Un conflicto de tierras enorme, que se desenvuelve con violencia, comenzó con la soja, y continuará con los planes oficiales para implementar la jatropha.

Casos muy recientes de comunidades afectadas por las situaciones descritas en el norte de Argentina son la comunidad indígena Wichi, que resiste en contra de la deforestación de los bosques para dar paso a más expansión de más soja en la región del bosque seco del chaco en la provincia de Salta. O el caso de la comunidad indígena guaraní que fue expulsada violentamente de su tierra por los productores sojeros, con la complicidad del gobierno de la provincia de Jujuy. Estas luchas son sólo ejemplos puntuales, pero para nada únicos.

Robo de tierras en Colombia

Nada ilustra de una manera más clara los conflictos por la tierra y la inexistencia de las tierras “marginales” que el caso colombiano. En Colombia, existen conflictos gravísimos por la tierra, que implican muerte, robo, ocupación de las tierras, militarización y paramilitarización, y una serie larguísima de violaciones de derechos fundamentales. La revista colombiana Semana, publicó recientemente una sección especial sobre el tema del robo de las tierras (7), donde se afirma que quienes reclaman sus tierras son asesinados, torturados y amenazados. De las tierras usurpadas apenas se ha devuelto el 1 por ciento. Algunos habitantes del Chocó intentaron regresar a sus tierras encontrándose al llegar con la sorpresa de que su pueblo había sido demolido y en su lugar crecía palma africana. Quince mil personas fueron desplazadas en este contexto, sólo en el bajo Atrato para la implementación del megaproyecto agrícola, cuyo boom se basa también en el de los agrocombustibles. Pocos son los que continúan resistiendo desde 1997 en que comenzó este desplazamiento. Las vidas de los demás ya han sido cambiadas para siempre, y la ocupación ilegal de 29.000 hectáreas de tierras por empresarios ha sido reconocida por el Estado colombiano.

En Colombia, desde hace ya casi dos décadas parcelas campesinas vienen siendo usurpadas o sus dueños presionados para venderlas a precios bajos, en un confuso marco jurídico para hacer aparecer todo como “legal” (8). A pesar de este complejísimo contexto, el gobierno colombiano habla de que prevee una expansión potencial de hasta 3.500.000 ha para los cultivos de palma. La pregunta al estado colombiano sería dónde se localizan estos millones de hectáreas, pues se menciona la aptitud de suelo y clima y otros factores de producción, pero no el hecho de que se trata de territorios de pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas y campesinas. La revista Semana menciona un millón de hectáreas de tierras abandonadas en zonas remotas y conflictivas, que pertencecen a víctimas del conflicto armado; es impensable su ocupación para el agronegocio, ya que deberían ser restituidas a sus dueños legítimos. De este modo, más expansión de la palma en Colomiba, sólo podrá significar, al igual que en otras partes de Latinoamérica, más conflictos como los ya existentes sociales, culturales y económicos, además de los ambientales. Este es el peligro que supone la expansión de los agrocombustibles sobre cualquier superficie de tierra, aunque se llame a esta “marginal”.

Guadalupe Rodríguez, Salva la Selva (www.salvalaselva.org)

Información completa sobre agrocombustibles en los países del Sur puede encontrarse en:

www.stop-agrocombustibles.nireblog.com

Notas:

(1) Ibáñez Juan J., Dr. (CSIC-Universidad de Valencia), “Tierras Marginales: un Concepto Peligroso y Confuso”, http://weblogs.madrimasd.org/universo/archive/2008/06/01/93491.aspx (1-6-2008) and “Tierras Marginales y Biocombustibles de Segunda Generación: Otra Gran Mentira”

http://weblogs.madrimasd.org/universo/archive/2008/06/04/93758.aspx (2) FAO Report, Andrea Rossi & Yianna Lambrou,“Gender and Equity Issues in Liquid Biofuels Production – Minimizing the Risks to Maximize the Opportunities” (4- 2008) ( http://www.fao.org/newsroom/es/news/2008/1000830/index.html )

(3) Global Forest Coalition, “The True Cost of Agrofuels: Impacts on Food, Forests, Peoples and the Climate ”, (2007) (http://www.globalforestcoalition.org/img/userpics/File/publications/Truecostagrofuels.pdf)

(4) http://www.grr.org.ar/documentos/LAS%20SOLUCIONES%20MAGICAS.htm

(5) Norma Giarranca, “Agrofuels in Latinamerica”, july 2007, ( http://www.grain.org/seedling/?id=491 )

(6) Desalojos y violencia contra comunidades indigenas en el norte de Argentina Noticias Urgentes del colectivo de CAPOMA- Jujuy, Argentina, august 2008 ( www.lasojamata.org )

Recursos acerca del monocultivo de la soja en: http://stop-agrocombustibles.nireblog.com/post/2008/03/04/documentacion-acerca-de-la-soja#more

(7) “Los usurpados del Chocó”, Revista Semana, http://www.semana.com/noticias-nacion/usurpados-del-choco/121717.aspx

(8) “Los están matando”, Revista Semana, http://www.semana.com/noticias-nacion/estan-matando/121735.aspx

martes, 9 de febrero de 2010

SOBRE LAS CAUSAS DE LA GUERRA SOCIAL

El país sufre día tras día la inclemencia de la violencia, la criminalidad y la impunidad. Las extorsiones y las muertes no cesan y el clamor de la ciudadanía ahoga los esfuerzos de los cuerpos de seguridad por contener este flagelo cotidiano.

Para enfrentar esta tragedia diaria, es necesario reflexionar sobre sus causas para aplicar planes que se aboquen a resolver de raíz esta problemática…

… A partir de la firma de los Acuerdos de Paz, toda la sociedad ansía construir una nueva historia, donde se hagan realidad las promesas de ARENA del desarrollo y crecimiento económico-social para toda la población. Así, con “borrón y cuenta nueva” se encara la reconstrucción del país.

La ONU invade El Salvador (ONUSAL) para dar seguimiento a la concreción de los acuerdos firmados por el FMLN y el Gobierno. Se elaboró “El Reporte de la Comisión de la Verdad para El Salvador” en el cual se establece que el 90% de los crímenes que se cometieron durante la guerra son responsabilidad de la Fuerza Armada de El Salvador. Se declaró una ley de amnistía; se desmovilizó la guerrilla; el ejército se redujo, tanto en sus funciones constitucionales como en la cantidad de sus miembros y se acuarteló. Se desmontaron los cuerpos de seguridad y se formó la PNC. Comienza el periodo de paz.

¿Pero, en verdad estábamos en paz? La firma fue básicamente sobre tres aspectos:

  • Cese del enfrentamiento armado.
  • Incorporación del FMLN a la vida civil, asumiendo y respetando la validez de la autoridad emanada de la Constitución de la República.
  • Reformas constitucionales que permitieran asegurarle a la población sus derechos civiles y políticos.
El punto que no se tocó a profundidad fue lo concerniente al sistema económico, bajo la premisa de que una vez dentro de la sociedad civil, el FMLN podría promover los cambios necesarios. En el capítulo V Económico y Social, se acordaron reivindicaciones sociales y económicas, de manera muy frágil; pero no se abordó el sistema económico como tal, es más se reconoció, en el texto del acuerdo, la vigencia del modelo neoliberal.

Para cuando ONUSAL abandona el país tenemos: una sociedad polarizada cuyo tejido social está destruido; condiciones de pobreza y riqueza extrema, entre las cuales crece y se profundiza una enorme brecha; dos ejércitos desmovilizados que durante más de 12 años vivieron en una agresión permanente, con un ejército nacional que sufrió un constante proceso de deshumanización teniendo en la Escuela de las Américas a su mentora; circunstancias a las que hay que sumar los desmovilizados de los cuerpos de seguridad señalados como violadores de derechos humanos: la Policía de Hacienda, Policía Nacional, y la Guardia Nacional, dependientes todos del Ministerio de Defensa, y que con la ley de amnistía sus miembros se incorporan a la vida civil como si nada hubiera pasado.

Sobre esta situación social ARENA aplica sin miramientos la política económica impuesta desde el imperialismo estadounidense en su concepción más extensa: el neoliberalismo, con una serie de medidas precisas enmarcadas dentro de lo que se conoció como el “consenso de Washington”. ARENA se enfiló hacia el crecimiento y desarrollo económico, pero no para toda la población, sino para los grandes capitales tanto nacionales como transnacionales, creyendo ciegamente en la famosa idea del “rebalse”, que hasta la fecha no ocurre.

En el aspecto económico, entre otras cosas, se cambió la economía agrícola por una economía de bienes y servicios dolarizada dentro de un “libre mercado” en el que se comercian principalmente productos de importación, que traen los grandes capitales salvadoreños. Al hacer esto se deja sin fuentes de trabajo a la gran mayoría de los desmovilizados de ambos ejércitos, en su mayoría campesinos y campesinas. Otro elemento fundamental dentro del neoliberalismo para privilegiar al mercado, es la reducción del Estado. Éste no solo se redujo, sino que además, comienza un proceso de deterioro institucional para garantizar el libertinaje del mercado, la corrupción y la impunidad. Se manejó el Estado de manera patrimonialista, al servicio de una minoría, que durante 20 años abrió los espacios para el crecimiento de la corrupción y el crimen organizado.

Ni ARENA ni la oligarquía se preocuparon nunca por la reconstrucción del tejido social, ni por superar las causas económicas, que sumadas a las políticas, propiciaron la guerra. No se crearon programas de reinserción social para los desmovilizados de los grupos armados que fueron deshumanizados durante el conflicto y que ven en la violencia la manera de resolver los problemas, y que además, han “educado” a una parte de la generación que esta creciendo luego de la guerra. Propiciaron el desarrollo del crimen organizado al debilitar la institucionalidad del país, al permitir y fomentar la impunidad. Y al no combatir las causas de la pobreza crearon y mantuvieron condiciones de riesgo que presionan a hombres y mujeres al camino equivocado o en el mejor de los casos, a la migración, destruyendo la unidad familiar, ligada también al nacimiento de las denominadas maras o de las pandillas.

Durante 20 años ARENA se ha vanagloriado de ser quien reconstruyó a El Salvador después de la guerra y de alcanzar la estabilidad macroeconómica propicia para desarrollar la microeconomía, pero en realidad han sido las remesas las que han mantenido en pie nuestro país, Son nuestros/as compatriotas quienes huyendo, de la guerra primero y de las políticas económicas de ARENA después, encontraron un mejor futuro en suelo extranjero, ¡a pesar de la xenofobia, los abusos y la violación a los derechos humanos de que son objeto nuestros/as compatriotas! Para todos y todas es claro que sin las remesas nuestro país no camina ¿entonces cuál es el verdadero valor de las políticas impulsadas por todos estos gobiernos de derecha?

En consecuencia, el problema de la violencia y la criminalidad que ahora nos ahoga tiene sus raíces en varios aspectos fundamentales:
  • Fue un gran error de toda la sociedad asumir que después de la guerra comienza un periodo de paz, cuando en realidad se estámos dentro de un periodo de Guerra Social producto de la postguerra olvidad. No haber dado oportunidad a este proceso tiene graves consecuencias actuales. Al no asumir el periodo de postguerra no se crearon los mecanismos necesarios para reintegrar a los ejércitos desmovilizados a la vida civil y productiva de manera adecuada, ni se contempló la manera en que debía reconstruirse, no solo el tejido económico, sino también el tejido social que debe unir a la población del país.
  • La aplicación de un programa económico agresivo contra el ser humano y su medio ambiente en una sociedad deshumanizada solo puede tener como consecuencia el incremento de la agresividad y la violencia dentro de la vida diaria.
  • La migración de salvadoreñas y salvadoreños, como política de gobierno, expulsando compatriotas como forma de aumentar las remesas; esto ha provocado desintegración familiar, abandono de las y los hijos.
  • Los gobiernos de derecha en la ambición de favorecer al mercado y a la gran empresa privada desmontaron el constitucional Estado de bienestar y se negaron a darle cumplimiento, convirtieron los derechos humanos en mercancías, deterioraron la institucionalidad del Estado, y dentro de ella fundamentalmente a la PNC y al sistema judicial, favoreciendo a la corrupción y al crimen organizado, en detrimento de la construcción de una Democracia sólida dentro de un Estado de Derecho.
  • No se crearon políticas para luchar contra la pobreza, el desempleo y la reducción de la brecha entre ricos y pobres, lo que incide directamente en el aumento de las condiciones de riesgo que favorecen el aumento de la delincuencia común, las maras o pandillas y el crimen organizado.
  • El combate del delito basado exclusivamente en la represión, rechazando la prevención y la reinserción socio-económica. Faltó integralidad en las políticas de seguridad ciudadana.
En la ansiedad por dejar atrás la guerra no se preparó al país para enfrentar el futuro. Se caminó sin reparar en la carga histórica sobre sus espaldas, hasta que se ha hecho demasiado pesada y ahora nos esta ahogando. Para corregir esto se deben atacar las causas reales de raíz. Para ARENA bastaba con aplicar programas de mano dura, sin preocuparse por políticas que recuperaran la agricultura, generaran empleo, fortalecieran la institucionalidad del país, mejoraran la educación y crearan identidad cultural. Por el contrario optó por forjar una economía de consumo, especulación financiera, y un mercado de monopolios y oligopolios, que se sostienen gracias a las remesas.

Por tanto, ahora los planes para enfrentar esta guerra social que sufrimos deben estar encaminados a:
  • Reconocer que vivimos un periodo de POSTGUERRA, donde las condiciones económicas y sociales que fueron parte de las causas que provocaron la guerra se mantienen, y donde no ha habido reconstrucción del tejido social.
  • Reconocer que El Salvador desde el 2005 ha sido calificado como Estado fallido (Estado altamente inestable). Reconocimiento que debe traer consigo las medidas urgentes y profundas para salir de esa situación.
  • Las políticas preventivas de seguridad deben caminar de la mano con las políticas económicas concentrándose en la generación de empleo y seguridad familiar.
  • Las políticas represivas de seguridad deben enfocarse en el combate a la cabeza del crimen organizado, de los “capos del narcotráfico” a los que nadie menciona, que están utilizando a las maras o pandillas como punta de lanza, pero también como cortina de humo del verdadero fondo de la criminalidad en el país como el contrabando de mercancías, la corrupción estatal, los secuestros y las extorsiones; así como mantener la persecución de la delincuencia común.
  • Implementar programas de educación contra el machismo, la violencia contra la mujer, niñas y niños que fueron quienes más sufrieron las violaciones a sus derechos durante el conflicto. Así como programas de reconciliación social y construcción de paz social.
  • Luchar contra la corrupción es indispensable para la economía, la ciudadanía entera debe exigir la investigación de los gobiernos de ARENA para desarticular las redes de corrupción estatal y evitar que en este gobierno se formen otras nuevas.
  • A que la empresa privada pierda el miedo a discutir los temas de reivindicación social que defiende la izquierda, se darán cuenta que la búsqueda del crecimiento y desarrollo económico es parte primordial de esa agenda, pero además, que estos profundos temas, no tienen ideología. El miedo es un factor de control y dominación, pregúntense a quién le conviene que mantengan ese miedo.
La empresa privada y la oligarquía salvadoreña deben entender que si las condiciones de pobreza y exclusión social, el bajo nivel educativo y cultural además del poco desarrollo tecnológico-científico y la represión indiscriminada por ser pobre y joven se mantienen, la amenaza de una grave convulsión social, de una insurrección popular, pesará sobre sus cabezas siempre. Y no se trata de poner de moda entre la derecha palabras como “solidaridad” o “popular” o tener encuentros con “socialistas moderados” que exponen sus “logros económicos” en llamativos congresos. En sociedades como la chilena, donde existe una Democracia más desarrollada, la empresa privada sí PAGA LOS IMPUESTOS QUE DEBE PAGAR.

La situación del país exige medidas inmediatas e integrales. Pretender que la ola de violencia y crímenes corresponde solo a las maras o pandillas, es ver la realidad con demasiada estrechez, como viviendo en la caverna de Platón. Hay que hablar en voz alta del crimen organizado y del terrorismo social que fuerzas oscuras promueven para erosionar el apoyo popular que tiene este primer gobierno de alternancia.

Excelentísimo Sr. Presidente, deje aún lado la duda y haga lo que sabe que debe hacer ahora que cuenta con el apoyo de la mayoría de la población salvadoreña. El pueblo esta dispuesto a luchar por los cambios que sean necesarios para salir de esta terrible noche. No dude en poner un alto a esta barbarie, hemos luchado y hemos muerto, hombres y mujeres, pero seguimos con el brazo en alto, siempre dispuestos a vivir por la revolución.

lunes, 7 de diciembre de 2009

CAPITALISMO NEOLIBERAL vrs. DEMOCRACIA

El Salvador está enfrentando grandes retos en un momento trascendental de su historia. Por vez primera, desde la conquista y posterior colonización de nuestra tierra, la independencia, la guerra civil, la firma de la paz y tras 20 años de gobiernos de ARENA; la izquierda logra acceder al poder ejecutivo del país a través del FMLN junto a una alianza con la centro derecha y centro izquierda del país, dando pie a la posibilidad de consolidar nuestra democracia y construir un verdadero Estado de Derecho.

Sabemos sin embargo que las condiciones del país, en las que está inmerso este novel gobierno, no son para nada fáciles. La crisis global del capitalismo ha golpeado a todas las naciones, especialmente a aquellas más dependientes de los Estados Unidos como la nuestra; sumado a esto, la situación en que la derecha entrega el Estado es deplorable, con una deuda gigantesca y una muy debilitada institucionalidad; además del auge imparable -hasta el momento- de la criminalidad. Y para culminar un año de fuertes acontecimientos, sufrimos nuevamente, la tragedia por el embate de la naturaleza debido a nuestra profusa vulnerabilidad ambiental, incrementando la ya complicada situación con que la izquierda recibía el poder ejecutivo del país.

Está claro que los problemas que arrastra nuestra incipiente democracia no se pueden solucionar en 5 años y mucho menos en 6 meses, pero sí es posible marcar el camino hacia un nuevo horizonte. En este marco de crisis económico-social y de tragedia medio ambiental, es necesario que valoremos la viabilidad, para nuestro país, del sistema político económico que se ha venido aplicando desde el fin de la guerra: el capitalismo neoliberal. ¿En verdad ha ayudado a la consolidación de nuestra democracia? ¿Ha creado un verdadero libre mercado que permita el desarrollo y crecimiento económico para toda la población? ¿Ha reducido la brecha entre ricos y pobres? ¿Ha mejorado las condiciones de vida para todos y todas las salvadoreñas? ¿Ha fortalecido al menos la institucionalidad del país?

La crisis global del capitalismo, la deuda que tiene con la construcción de un Estado de Derecho; su incapacidad para distribuir la riqueza que generan hombres y mujeres, y su carácter patriarcal, dominante, excluyente y discriminatorio, nos obliga a hacer una reevaluación del mismo y a profundizar la relación que existe entre éste y el sistema democrático que tratamos de construir.

Como izquierda hemos hablado desde siempre acerca de que, los problemas en nuestro país son de carácter estructural, es decir, están en estrecha relación con la política económica impuesta. No es posible seguir negando que las acciones del capitalismo neoliberal, destruyen la identidad y autodeterminación de los pueblos y sus naciones, sobre explota sin misericordia los recursos naturales del planeta, y tiende al aumento de la concentración de la riqueza, la tierra y los medios de producción en un afán de hegemonía comercial que beneficia ampliamente los intereses económicos de las grandes transnacionales; algo que ya señalaban Marx y Engels desde 1848:

“La burguesía, al explotar el mercado mundial, […] destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. […] La burguesía […] Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.”

Aunque las derechas declaran la muerte de Marx, el Comunismo y el Socialismo desde hace décadas, al revisar sus postulados pareciera que no han pasado sino un par de años desde sus primeras publicaciones. La vigencia y actualidad de su pensamiento es tan palpable ahora, como las caídas de las bolsas mundiales. Por ejemplo, en el manifiesto, hace más de 160 años, se plantea la subordinación de los Estados a los intereses de la burguesía y sus capitales:

“Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.”

Este planteamiento, a lo largo de los años no ha hecho otra cosa que no sea consolidarse. Los tratados de libre comercio son el mejor ejemplo de ello. Nuestro país para ratificar el TLC con EU tuvo que adecuar y cambiar su marco jurídico, comprometiendo y debilitando nuestra institucionalidad y soberanía:

“… la dimensión del CAFTA-DR […] no significa solamente en acuerdo comercial sino que afecta el andamiaje jurídico de nuestros países, comprometiendo su soberanía al servicio de empresas transnacionales.”

La gran pregunta ahora es, si desde hace tanto tiempo la izquierda viene planteando los problemas del capitalismo, ¿Por qué no ha podido superarlo? La fuerza del capitalismo reside en su capacidad de encubrir, trastocar y transmitir como “sus valores y principios”, aspectos ideológicos, políticos y económicos, como la libertad individual, el libre comercio, la propiedad privada, la libre expresión y demás; como derechos comunes a todos y todas. De tal manera que en la sociedad, las personas, la mayoría de hombres y mujeres, asumen, interiorizan e identifican que los intereses y derechos que les atañen a ellos/as, son los que defiende el capitalismo; de manera tal, que éste logra representarse a sí mismo como el sistema económico y político que defiende un ideario de libertades que se construyen sobre un estamento democrático. En consecuencia, hablar de capitalismo es hablar de democracia. Por el contrario, pero en la misma línea, a partir de la guerra fría, el imperialismo estadounidense, señaló al socialismo como un sistema dictatorial, antidemocrático y represivo de las libertades humanas. El sistema totalitarista, frente al cuál había que luchar.

“… Si atendemos a la situación mundial después de la derrota del fascismo en 1945, el escenario internacional se polarizaba entre el capitalismo y el comunismo. […] mientras en Oriente los soviéticos utilizaban los términos según la dupla mencionada, […] En Occidente, la Guerra Fría fue presentada como una batalla entre la democracia y el totalitarismo. El bloque occidental no utilizaba el término “capitalismo” para autoreferenciarse, ya que éste era considerado básicamente un concepto del enemigo, un arma contra el sistema en lugar de una descripción del mismo. Occidente se expresaba en nombre del “Mundo Libre” y no del “Mundo Capitalista…”

A medida que la hegemonía de los EEUU se incrementaba luego de la segunda guerra mundial, las formas de dominación ideológica se fueron expandiendo. Sin duda que un fuerte complemento en la expansión del capitalismo moderno han sido los medios de comunicación. Al asumirse como “defensor del mundo libre” el imperialismo occidental, comienza una ardua lucha ideológica que impulsa a través de la maquinaria mediática, generando y manipulando la opinión pública, distorsionando los hechos de la realidad para defender sus posturas imperialistas, exponiéndolas como democráticas; mantenido a su disposición un sin fin de periódicos, revistas, radios y canales de televisión. Sin embargo, los medios de comunicación son solo una parte de lo que Louis Althusser define como los “Aparatos Ideológicos del Estado” y que sirven para la “reproducción de las condiciones de producción” junto con el sistema educativo, religioso, jurídico, sindicatos etc.

“…los aparatos ideológicos de Estado funcionan masivamente con la ideología como forma predominante pero utilizan secundariamente, y en situaciones límite, una represión muy atenuada, disimulada, es decir simbólica. (No existe aparato puramente ideológico.) Así la escuela y las iglesias “adiestran” con métodos apropiados (sanciones, exclusiones, selección, etc.) no sólo a sus oficiantes sino a su grey. También la familia... También el aparato ideológico de Estado cultural (la censura, por mencionar sólo una forma), etcétera.”

Al fracasar el socialismo real, estos aparatos ideológicos no tuvieron mayor oposición dejando el camino abierto a la expansión planetaria del capitalismo: la globalización de los mercados. Pero poco a poco la población mundial va comprendiendo que entre capitalismo y democracia existen grandes contradicciones y que los intereses del primero poco tienen que ver con los del segundo. Las luchas de los movimientos sociales comienzan a ser escuchadas por aquellas personas que por comodidad con el sistema, han preferido ignorarlas. Pero los problemas son tantos, que poco a poco va cayendo la máscara. No es posible seguir obviando que con tal de mantener sus privilegios el imperialismo norteamericano, bajo el argumento de la “defensa de sus intereses”, pisotea el derecho internacional con la ayuda de otros gobiernos, que aunque parecieran independientes, son simples lacayos que no pueden decir que no a las órdenes del amo. Pero los pueblos, tarde o temprano, abren los ojos y se ponen de pie.

“A comienzos de 2003 Europa ha visto las manifestaciones callejeras más grandes de toda su historia en contra de la guerra que se preparaba en Medio Oriente. En España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra, millones de personas salieron a las calles a expresar su oposición a la invasión de Irak –incluso muchos ciudadanos norteamericanos optaron por manifestarse en contra de esta guerra.”

Ahora bien, el estandarte del capitalismo es el libre mercado, ante el cual el Estado debe estar sometido, pues según las derechas, la dinámica de los mercados equilibra la vida social y permite el desarrollo y crecimiento económico para toda la población, sin necesidad de que el Estado intervenga, salvo para proteger las condiciones que este sistema requiera para funcionar. Pero… ¿realmente es así?

Para valorar la realidad de los planteamientos de las derechas vamos a remitirnos a las tesis de las 4 contradicciones que establece Atilio A. Boron entre los Mercados y la Democracia . Para este autor la incompatibilidad de estos sistemas se expresa en los siguientes términos:

1. ¿Poder ascendente o descendente? Mientras que la democracia es un sistema que tiene por base la igualdad jurídica y la plena autonomía de los/as ciudadanos/as en donde los y las mismas participan en la construcción de la autoridad pública, a través de diversos medios -votaciones, cabildos, debates, elección de representantes, que en teoría deben responder al mandato popular-. Es decir que el poder de la democracia se construye de abajo hacia arriba (lógica ascendente) dado que al final el pueblo cede, delega, su derecho a la opinión y decisión a una persona o grupo de personas, en las que percibe reflejado su pensamiento, para guiar el rumbo del País. Por el contrario en el mercado el poder se concentra arriba, obedeciendo a una lógica descendente: son los grupos que se benefician con el funcionamiento del mismo quienes tienen “capacidad de "construirlo", organizarlo y modificarlo a su imagen y semejanza, y lo hacen de arriba hacia abajo con criterios diametralmente opuestos a los que presiden la constitución de un orden democrático”.

De tal manera que si en la democracia el poder reside en la base popular que lo construye, de cara a la satisfacción de las necesidades de todas y todos los miembros que la componen, en el mercado el poder esta en aquellos que se benefician de él. En el mercado no existe ninguna pretensión de igualdad e inclusión, propia de un orden democrático; en el mercado rige la ley del más fuerte, y el más fuerte, es el que logra manipularlo a su conveniencia.

2. ¿Participación o exclusión? La lógica de la democracia es “incluyente, abarcativa y participativa, tendencialmente orientada hacia la creación de un orden político fundado en la soberanía popular”. Es importante tener claro, cuando hablamos de democracia, que es lo que esperamos de ella. El capitalismo utiliza este concepto para justificar su hacer, bajo la premisa del desarrollo democrático, impulsa medidas económicas de las que se benefician solamente los grandes capitales transnacionales y donde la soberanía popular no representa ni vale nada. El neoliberalismo se ha encargado de presentar a la política y a la administración pública como algo totalmente ineficiente y corrupto. Contrario a la empresa privada, quien debe tener mayor peso en la sociedad, pues es mucho más eficiente y libre de corrupción. Logrando de esta manera que los y las ciudadanas no participen en la discusión de los asuntos públicos, autoexcluyéndose de la toma de las grandes decisiones.

La búsqueda de la construcción de un poder popular por parte de la democracia busca la inclusión y participación de todos los sectores de la sociedad que dan cuerpo a un país, por el contrario en el mercado no existe una dinámica de inclusión o de participación de todos o todas; “… prevalecen la competencia, la segmentación y la selectividad, el mercado opera sobre la base de la competencia y la "supervivencia de los más aptos", y no está en sus planes promover el acceso universal de la población a todos los bienes que se transan en su ámbito. Como reza el neoliberalismo, el mercado es un espacio privado y para ingresar en él es preciso adquirir un billete de entrada […] La participación en el consumo, a diferencia de la participación en la vida democrática, lejos de ser un derecho es en realidad un privilegio que se adquiere de la misma manera que cualquier otro bien en el mercado. Si en la democracia la participación de uno exige y potencia la participación de los demás, en el mercado el consumo de uno significa el no consumo del otro”.

3. ¿Justicia o ganancia? La democracia al tratar de construir un poder popular que organice el funcionamiento de la sociedad y el Estado, toma como base el valor de la justicia, es decir que cada ciudadano y ciudadana dentro de una democracia al ser en esencia igual jurídicamente, tiene acceso a los mismos derechos y responde a las mismas obligaciones que todos y todas las demás, sin exclusión o discriminación por género, preferencia o identidad sexual; ni por creencias religiosas, edad, clase o estatus social, pertenencia étnica y/o capacidades especiales. En este sentido la justicia se convierte en principio generador y fin último de la democracia. “…es muy improbable y más que problemática la sobrevivencia de la Democracia en una sociedad desgarrada por la injusticia, con sus desestabilizadores extremos de pobreza y riqueza…”

Todo lo contrario al mercado, en donde la justicia es algo totalmente ausente en su propia dinámica, tanto por su estructura como por su lógica interna y los fines que persigue. Si en la democracia el principio y el fin, es el logro de la justicia, en los mercados el principio y el fin es la ganancia, “…el rédito y no la equidad. La justicia es una molesta distorsión "extra económica" que interfiere en el cálculo de costos y beneficios y que sólo puede tener un efecto paralizante en la dinámica impiadosa de los mercados”.

Entonces, ¿puede funcionar un sistema cuya última finalidad es el lucro sin tomar en cuenta las consecuencias que genera la filosofía del “fin justifica los medios”, dentro de una sociedad que busca construir, sobre el pilar de la justicia, un Estado Democrático? ¿Puede el capitalismo neoliberal conducir a una sociedad donde prive la justicia, cuando para mantener su propia dinámica necesita de una masa de hombres y mujeres cuya única propiedad sea su fuerza de trabajo, para venderla cuando el empresario necesite comprarla, al precio que éste último impone?¿Cuándo para mantener las multimillonarias ganancias de las transnacionales, debe mantenerse una creciente ansia de consumo, en una población que piensa que eso es la libertad, el consumismo de una gran cantidad de artículos suntuosos y que al obtenerlos, obtiene también una posición de prestigio y privilegio por sobre los demás que no pueden tener acceso a ellos, pues no trabajan lo suficiente para pagárselos? Esa es la libertad capitalista: el consumismo. La justicia no es algo que entre en ese esquema, pues no genera riqueza al sopesar el principio del costo-beneficio.

4. ¿De la polis a los mercados o de los mercados a la polis? A lo largo de los años, la lucha de los y las trabajadoras, las feministas, los sindicatos, los partidos de izquierda, las organizaciones que representan a diversos sectores populares han ido cosechando triunfos por los cuales “una amplia gama de exigencias y necesidades consideradas "privadas" en el capitalismo decimonónico –como la salud, la educación, la seguridad social, la recreación, etc. – se convirtieron en bienes colectivos”. Estas luchas demuestran la lógica expansiva que tiene la democracia, es decir que las victorias logradas por unos y otras, se extienden al resto de la sociedad, y no son logros que se restringen al sector o grupo que los alcanzó.

Sin embargo, en la contra ofensiva del capitalismo neoliberal, se da todo lo contrario, un fuerte impulso privatizador de aquellos derechos ya alcanzados, al tiempo que se da un retroceso en la fortaleza del Estado, desprendiéndose éste de sus funciones como garante de los derechos ciudadanos, en beneficio de una mercantilización de los mismos, dándole a la empresa privada la responsabilidad de administrarlos, pero bajo una visión de productos de consumo, en lugar de derechos civiles o humanos: “Derechos, demandas y necesidades previamente consideradas como asuntos públicos se transformaron, de la noche a la mañana, en cuestiones individuales ante las cuales los gobiernos de inspiración neoliberal consideran que nada tienen que hacer salvo, eso sí, crear las condiciones más favorables para que sea el mercado quien se encargue de darles una respuesta. Si antes la salud, la educación o el más elemental acceso al agua potable eran derechos consustanciales a la definición de la ciudadanía, la colonización de la política por la economía los convirtió en otras tantas mercancías a ser adquiridas en el mercado por aquellos que puedan pagarlas.”.

Como podemos ver, las tesis de este autor, nos muestran la gran contradicción que existe entre la democracia y los mercados capitalistas neoliberales, y como éstos, lejos de construir una sociedad donde prive la justicia, construyen sociedades consumistas y desequilibradas, donde los objetivos individuales son la obtención de ganancias que permitan el acceso a los privilegios que vende el capitalismo como libertades democráticas. ¿Es esto lo que queremos para nuestro país?

Para la izquierda revolucionaria salvadoreña está claro que este gobierno no representa aún los intereses de las grandes mayorías populares, pero puede sentar las bases para la construcción de un verdadero Estado de Derecho al fortalecer al menos la institucionalidad del país, incluyendo la visión de género a sus políticas, exigiendo un verdadero trabajo y un adecuado funcionamiento a una Fiscalía General de la República o a la Corte de Cuentas; modernizando a la PNC; reformando el sistema educativo para formar hombres y mujeres analíticas y criticas que hagan algo más que adaptarse al sistema, fortaleciendo a la Universidad Nacional de El Salvador y a otras instituciones importantes dentro de un sistema democrático. Pero hay que tener claro que mientras no se cambie el sistema político económico los grandes problemas estructurales de nuestro país no encontrarán solución, ni a corto ni a largo plazo.

La reconstrucción que ahora inicia nuestro pueblo debe darse sobre una nueva visión político-económica, que estimule el desarrollo de una economía verde, con políticas de sustentabilidad y recuperación medioambiental, que potencien modelos alternativos al capitalista para la generación de riqueza, reevaluando al mismo tiempo la concepción de la “riqueza” que el ser humano es capaz de crear. Que desmonte el estado patriarcal y donde se apliquen políticas de seguridad, inclusión y participación político-social, sin exclusiones por género, edad, preferencia o identidad sexual o creencias religiosas y/o pertenencia étnica. Donde se fortalezca la institucionalidad estatal, para garantizar los derechos a los que todos y todas debemos tener acceso. Sólo así el desarrollo y crecimiento económico será equilibrado, justo, solidario, equitativo y amigable con el medio ambiente y el ser humano.

En estos primeros meses se han dado pequeños pero importantes avances en lo que respecta a la identidad política de este novel gobierno de izquierda; como una nueva visión para administrar los problemas del sistema carcelario; la postura firme para impulsar una reforma fiscal necesaria, aunque todavía superficial y por ende insuficiente; el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba; el rescate de la dignidad de algunas de las víctimas que fueron asesinadas durante la guerra, como es el caso de monseñor Romero, los padres jesuitas y sus asistentes; una nueva visión también, en la Academia Nacional de Seguridad Pública, que busca humanizar la formación de los y las agentes de la Policía Nacional Civil; la construcción de un escenario como el CES (Consejo Económico y Social) donde se le abren las puertas a los movimientos sociales, sindicatos, Ong’s, empresa privada y otras más, para discutir las políticas que el gobierno planea implementar.

Pero, también hay deudas, como la construcción de la presa el chaparral so pretexto de la necesidad energética; no existe una investigación formal sobre la corrupción durante los gobiernos de ARENA; la falta de una política exterior fuerte e independiente, correspondiente con los intereses nacionales; la salida del ejército nacional a las calles para combatir el auge de la delincuencia y la criminalidad.

Es un largo camino el que hay que recorrer para la construcción de un Estado Democrático, es necesario comenzar de una vez. Frente a toda esta problemática ¿cual es la opción si el denominado socialismo real ya fracaso? ¿El socialismo del siglo XXI? Esa es la discusión que deseamos introducir.